Opinión

Un mundo borroso donde me voy defendiendo

TRIBUNA

Manuel Gálvez | Lunes 09 de marzo de 2020

Umbral es hoy siempre, la literatura ahora. Tú que decías que sólo existe el presente y fuiste el más moderno de los vanguardistas, hoy que todo es autoficción, el más clásico exponente de la prosa realista. Jugabas en la misma mesa que Larra, Valle Inclán y Gómez de la Serna. Partidas en las que os repartíais las victorias. Compañías donde no desmerecía tu presencia, pero tú siempre preferiste estar en otros sitios más femeninos, suaves, elegantes. Comentabas que no había mejor compañía que una mujer desnuda, aunque no se fuera a hacer nada. La mera contemplación de lo que es todo. No hay escritor si antes no se ha sido lector y se mantiene esta condición en el tiempo. Tú decías que los libros nos explicaban, aunque ellos fueran en sí desordenados. Un caos imposible de domesticar. Los libros son la chaqueta del escritor, le viste, le porta de una elegancia y le quita el frío. Tú que decías que tu cuerpo garantizaba tu escritura, y que ahora era tu escritura la que valoraba tu cuerpo. A ti que te preguntaron qué era la gloria y qué se sentía al obtenerla. “Nada, mujer, el éxito está vacío”, respondiste. El miedo solo se cura diciendo que lo tienes, y tú lo ponías siempre que lo sentías. Miedo a que una mujer no te ame, pero tú decías que era peor que te quisiera como a un buen amigo. Otra vez te adelantaste a lo que hoy los modernos llaman la “friendzone”. Tú obsesión por el presente porque como bien decías, “solo me interesa el presente porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. Sentenciabas que había que estar haciendo siempre biografía. No hay belleza como la escrita, “no hablo ni escribo para convencer, sino para fascinar”. “La literatura no es pedagogía sino magia”. Tantas frases brillantes que no hay luz que la restalle. Provocador maravilloso, hombre libre. La belleza siempre es el resultado de la transgresión. La belleza nunca es inocente. Frases que surgen del derroche de tu ingenio.

Lo importante no era el tema que se escribía sino el procedimiento utilizado. En los últimos años de tu vida te interesaban más los diarios y memorias que las novelas. Decías que el memorialismo es la literatura en estado puro y que sólo leías una novela por la prosa o las ideas. Knausgaard lo intentó, pero aburrió en su intento. “No me interesa nada el asunto”, el tema soy yo, que dijo Montaigne. Pla para ti era un maestro inmejorable en esto y para mí, la otra mitad del siglo XX literario español. “La mujer es un baño de realidad germinal”, para ti la mujer era el principio de todo. Un sueño donde despertar y el mejor lugar donde hacerlo. Pero también tenías claro que el mundo era un lugar político. “Moriré hombre de izquierdas. Lo que se va disipando es la izquierda, en España y en el mundo, pero no yo.” Esta frase pertenece al año 2000, veinte años de adelanto y la socialdemocracia está herida de muerte. Su leída Francia de Baudelaire, Rimbaud y compañía y su amada España, país y esposa, son los ejemplos principales. Él lo vio venir con su prosa, nosotros fuimos y vamos muy por detrás, gustosos de leerle, de cerca o de lejos. Yo solo leo por sus gafas y escribo por sus dioptrías. En ese mundo borroso me voy defendiendo.