EDITORIAL
EL IMPARCIAL | Martes 10 de marzo de 2020
El Gobierno sigue tratando de ganar tiempo en el flanco económico del escenario de la lucha contra el coronavirus. Mientras Alemania aprueba un plan de inversión de 12.400 millones de euros para paliar los efectos de la enfermedad en las empresas y los trabajadores, y Francia hace lo propio con una batería de ayudas a empresas y desgravaciones fiscales, el Ejecutivo de Pedro Sánchez sigue absorto en un voluntarismo estéril, que lleva a anunciar un plan de choque de soslayo, este lunes, sin concretar ninguna medida concreta, mientras las grandes empresas se desangran en el Ibex 35 y la incertidumbre se contagia a toda la actividad económica.
Tras el consejo de ministros de este martes, más balones fuera. Será el jueves cuando el Gobierno ponga encima de la mesa el plan de choque que anunció el lunes. Minetras tanto, los dos pesos pesados en la materia del propio Gobierno, Nadia Calviño y María Jesús Montero continuaban dando vagas esperanzas de ayudas para la actividad sin atreverse a cuantificar cuánto sufrirá el crecimiento económico en España por la crisis del coronavirus, que algunos expertos cifran ya en seis décimas de PIB.
El Ejecutivo, en una situación de extrema debilidad parlamentaria, todavía tiene en el aire la aprobación de los presupuestos, y no está dispuesto a revisar su cuadro macroeconómico a la baja. Mientras se oyen cantos de sirena, con la OCDE pidiendo al Eurogrupo que olvide el déficit y emprenda un ‘big bang’ presupuestario, el Gobierno de Sánchez no sabe qué hacer, qué camino tomar y sigue a la espera de que la solución venga de fuera.
De nuevo, se trata de una actitud de sobra conocida: es la misma que la del Ministerio de Economía de Pedro Solbes y, despúes, Elena Salgado, durante los penosos últimos años de Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero: negar, minimizar y esperar a que la crisis escampe.