Opinión

Las alegorías

FRACASA MEJOR

Miguel Ángel Gómez | Lunes 16 de marzo de 2020

Las alegorías acaban convirtiéndose en coágulo de flemas. El síndrome de abstinencia se siente cansado y mal. No soy Juan Antonio Masoliver. Escribió un libro llamado La calle Fontanills, de relatos brillantes. La piel desnuda se hace añicos, pero es un resplandor estrellado el que queda. No ignores la unión que te echará del barco. Las almas graznan, descienden ¡Qué risa! En las grandes fábricas de algodón urden un plan sin peleas ni matanzas. En el Campamento de la Anhelante Cintura el marino mercante toma el habitual baño junto a Sueño Efímero. Nube blanca como la nieve, santos con ojos de lobos fríos como hierros. En la casa de vecinos no hay rojo cabello encrespado. ¿Por qué no me escuchas? La radio toca “Lion’s den”, de Bruce Springsteen. Para emborracharme basta la música sin problemas cardíacos. No olvidaré la calle 321 enroscados en el Huracán de la Paz. Mi lección siempre es semejante a mí.

Los huesos de Vasko Popa traen inspiraciones repentinas, impulsos repentinos, lámparas repentinas y una coherencia que sigue lo ilógico. “Ellos me asustan diciendo / hay un tornillo suelto en mi cabeza / Ellos me asustan más diciendo / me enterrarán / en una caja con los tornillos / sueltos / Ellos me asustan pero poco se dan cuenta / que mis tornillos sueltos / los asustan mucho más / El loco feliz de nuestra calle / de mí también se jacta”. El interrogador feliz tiene en el fondo la irradiación de una estrella lejana. No sé cómo, mientras buscaba otra cosa, me topé con unos versos de Claudio Rodríguez: “Cómo veo los árboles ahora. / No con hojas caedizas, / no con ramas sujetas a la voz del crecimiento”. Los árboles arden de fiebre. El alboroto de los pájaros como creador artístico. La alegoría está suspendida en lo infinito. Todas las palabras que pronuncia reniegan de lo nocturno. Estamos en un desconcierto. El virus inusual murmura “estoy aquí” cuando nos vamos. Creo que soy un genio con imágenes inquietantes y obsesivas.

Soy un acróbata que compró puros para llenar sus bolsillos. Hay duendes engañados otra vez y el niño cruza como si fuera invisible. Los chicos de ojos grandes, cansados, desvaídos juegan a ping pong y mi mente descubre que colocando un papel negro detrás de un cristal se puede hacer un espejo. Todas las chicas querrán ver su reflejo. Y el chaval dice: “Eh, ¿dónde está la Virgen del Mar?” El adivino no me dijo que al acabar el día se puede sopesar el trabajo hecho. Estoy intacto y el pueblo hecho con un traje muy pesado. Bien, soy el Hombre de la Oscuridad. Quiero que salgamos esta noche, cariño, no puedo dormir y no quiero convertirme en una carga. Vamos a la parte baja de la ciudad, antes de ver en el espejo las líneas de tu cara. Cenaremos, avanzada la noche, en un bar de la calle de San José. Viviremos como uno. Es el nuestro un mundo diferente, apaguemos la tele y salgamos ahora que estoy en tus manos. Hay hombres que no clavan un clavo derecho. La porra de un policía pide que le expliquen algo muy complejo. Azota el viento del norte por las avenidas. Quiero todo el tiempo del mundo en esta noche de desvelo.