Editorial

La rectificación y la improvisación presiden el Gobierno

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Martes 31 de marzo de 2020

La gestión del Gobierno ante la irrupción del coronavirus ha desnudado las muchas debilidades de Pedro Sánchez, que aparece desbordado por la tragedia sanitaria e incapaz de combatir la pandemia con un mínimo de coherencia. El mayor error del presidente fue negar el riesgo que corría España si irrumpía la pandemia en nuestro país. Ni los estragos que produjo la enfermedad en China, ni siquiera en Italia, fueron suficientes para que el Ejecutivo tomara las decisiones pertinentes ante la desbocada expansión del virus. Actuó como si nuestra nación fuera inmune. De ahí, la improvisación que ha presidido desde entonces su gestión.

Se resistió a aplicar el Estado de Alarma, pese al clamor de la oposición y de las Comunidades Autónomas. Y al rectificar y aprobar su aplicación, con el apoyo de esa oposición despreciada, el Gobierno ha ido dando bandazos. Sin ir más lejos, se negó el viernes a endurecer el aislamiento social para frenar la imparable expansión de la enfermedad por innecesario y el domingo se vio obligado de nuevo a rectificar y a ponerlo en marcha en medio de la confusión de sus propios ministros y con una escandalosa improvisación, pues un día después tuvo que aprobar una moratoria de 24 horas para que las empresas afectadas por la paralización pudieran preparar con un mínimo de tiempo el cierre de su actividad.

Pero Pedro Sánchez ha encontrado una solución para camuflar esa cadena de errores. Según repite hasta la saciedad cuando aparece tras el plasma de La Moncloa, sus decisiones se basan en las recomendaciones de unos “expertos sanitarios” que nadie conoce. Y, por lo que parece, la experiencia y conocimiento de tales expertos cambia en tan solo dos días. Lo que el viernes era innecesario, el domingo era urgente.

La improvisación y rectificación del Gobierno obedecen también a la división interna que se ha producido entre el PSOE y Podemos. La batalla entre los dos partidos extiende la confusión entre la ciudadanía por los mensajes contradictorios de los ministros. El pulso entre Pablo Iglesias y Nadia Calviño parece ser feroz ante la gestión de la profunda crisis económica que se avecina. Y Pedro Sánchez, temeroso de que la coalición salte por los aires, suele ceder ante las propuestas del líder de Podemos, que amaga con aprovechar la crisis sanitaria para imponer sus tesis marxistas.

El resultado de este guirigay gubernamental resulta inquietante. En medio del pavor de los españoles por el peligro de que el coronavirus continúe su escalada, Pedro Sánchez y sus ministros dedican más tiempo a aparecer en el plasma de La Moncloa para pronunciar sermones lacrimógenos sobre la solidaridad, para expresar su dolor por las víctimas y para elogiar hasta el hartazgo al personal sanitario y a las Fuerzas de Seguridad por su inestimable trabajo. Que, sin duda, lo es. Pero no dedican ni un minuto a contar la realidad y explicar la estrategia del Gobierno en la gestión de la crisis sanitaria. Probablemente porque desconocen la realidad y son incapaces de diseñar esa estrategia. Simple y pura propaganda. Aprovechan sin pudor la tragedia sanitaria para sus intereses partidistas, lo único que de verdad saben hacer.

Mientras, el coronavirus prosigue su escalada, colapsa los hospitales, los sanitarios se contagian más que en cualquier otro país por la escandalosa carencia de material de protección, la hibernación económica de las últimas medidas amenaza con llevar a España a una crisis sin precedentes y la ciudadanía se siente estupefacta ante la narcisista e interminable aparición del presidente y sus ministros, ahora en parejas, para llorar ante el plasma de La Moncloa, resistirse a explicar con claridad las medidas y eludir cualquier pregunta de los periodistas, pese a estar filtradas por la Secretaría de Comunicación. Era evidente que a Pedro Sánchez le venía grande la Presidencia del Gobierno. Por desgracia para España, su incompetencia ha quedado en evidencia en el peor momento.