Pocas personas se salvan de la mediocridad que caracteriza a la clase política española. Es cierta la pandemia de la corrupción que zarandea a nuestros políticos a izquierda y a derecha, pero esa epidemia también ha infectado a Italia, a Francia, a Inglaterra y a otras naciones de Europa y no digamos de Iberoamérica. La característica distintiva de la clase política española es la mediocridad.
Por eso resulta grato subrayar, como se ha hecho en la página editorial del diario El Mundo, la calidad de Margarita Robles. Discreta, prudente, lúcida, lo que destaca en ella es la inteligencia razonadora. Hace ya muchos años que me dijo Juan Alberto Belloch: “No pierdas de vista a Margarita Robles. La verás triunfar allí donde esté”. Y en un Ministerio como el de Defensa, tan lejano a sus preocupaciones intelectuales y jurídicas, está haciendo una gestión encomiable. Hay tantas ocasiones para la crítica o la denuncia de los errores o los abusos de nuestros políticos, que reconforta dedicar elogios a una representante del PSOE de tanta calidad como Margarita Robles.
Su palabra durante toda la crisis del coronavirus ha sido certera. Su gestión al frente de la actividad de las Fuerzas Armadas para combatir la pandemia, sobresaliente. Frente a los que auguraban tensiones insalvables en Cataluña y el País Vasco, Margarita Robles ha tenido la habilidad de que la presencia militar sea reconocida como un bien para todos. Sin estridencias ni aspavientos, la ministra ha sabido conducir a la Unidad de Emergencias de forma serena y eficaz. Y sus declaraciones a los medios de comunicación han estado presididas por el buen tono y el sentido de la realidad. En medio de tantos errores y tantas vanaglorias estériles, reconforta reconocer la gestión certera de una mujer extraordinaria que se ha ganado el favor de la opinión pública.