“Días antes de que se decretara el confinamiento, no había alcohol en las farmacias. Geles, mascarillas y guantes no los hubo nunca. La circunstancia supone un fracaso colectivo que el Gobierno lidera”. Estas palabras de Arcadi Espada son demoledoras. Y ciertas. El diario El Mundo viene publicando desde hace dos meses informaciones contrastadas que demuestran la negligencia del sanchismo al enfrentarse con el Covid-19. Acuciado el Gobierno en febrero por la OMS para que se acopiaran en España materiales preventivos, la respuesta del ministro de Sanidad, Santiago Illa, fue contundente: “No los necesitamos, tenemos suficientes”.
Pedro Sánchez, a pesar de cubrir su persona de entusiastas elogios en cada aparición del Aló, Presidente venezolano, sabe que sus innumerables errores, antes y durante la crisis, le pueden pasar una factura política especialmente gravosa. Por eso pretende emborronar su situación personal con unos pactos de la Moncloa que son solo los pactos para seguir él en la Moncloa.
Está claro que, de cara a la opinión pública, Pablo Casado no puede negarse a la convocatoria, pero deberá plantear en la mesa de la negociación exigencias rotundas, con el fin de evitar que le engañen. Proponer la eliminación de Podemos en el Gobierno tiene algo de ingenuidad. Los errores y las negligencias en la gestión de la crisis vírica no los ha cometido Pablo Iglesias sino Pedro Sánchez. La dimisión democráticamente lógica sería la del presidente del Gobierno, acompañada por una propuesta razonable de un nuevo Ejecutivo de gran coalición, en el que PSOE, PP y Ciudadanos lidiaran juntos durante dos años las jornadas económicas y laborales que el coronavirus está ya acarreando.
Eso es lo que exige la hora actual y sería un error dejarse envolver por unos pactos de la Moncloa que permitan a Pedro Sánchez prolongar el mangoneo de la situación. Conviene no perder de vista el objetivo sustancial del líder del PSOE: permanecer a toda costa en su poltrona monclovita. Esa es la realidad pura y dura.