Opinión

FEDERICO MORENO TORROBA Y LUISA FERNANDA

Juan José Alonso Millán | Lunes 18 de agosto de 2008
El “maestrito” como se le llamaba cariñosamente en el mundo de la lírica por su pequeña estatura. Músico desde que nació en Navarra el 3 de marzo de 1891, hasta el 12 de septiembre de 1982, siendo presidente de la SGAE y trabajando en la nueva versión de su ballet "Don Quijote", para Luisillo. Conocí a Moreno Torroba, cuando llegué al consejo de la SGAE de la mano de Ruiz Iriarte y López Rubio. Me cautivó enseguida por su simpatía y humanidad.

El tiempo fue pasando y, después de Ruiz Iriarte fue nombrado presidente y quiso el consejo que, un servidor le acompañara en la vicepresidencia, allá por el 1970. El maestro contaba con solo ochenta años. Los últimos diez años de Moreno Torroba, tuve la suerte de compartirlos a su lado. Me divertí de lo lindo, pues el maestrito era mucho más joven que yo y que todo el mundo. Dotado por esa gracia castiza y chulesca de la época: “El Madrid de antes, si que era interesante, cogías un tranvía en Sol y subía a Falla” y se quedaba tan fresco.

Ser músico es algo que está muy bien. Y ser músico de zarzuela es lo más. Aunque reconozco mi predilección por la ópera italiana, la zarzuela me llega más y me pongo a cantarla como un loco. Hay media docena, que son auténticas obras de arte. Inigualables en su acento popular y en aire nacionalista. Eran cantos a las provincias hispanas con pasión y con amor.

Entre los superdotados zarzueleros está Federico Moreno Torroba. Su vida una eterna partitura en tono mayor, con ritmo de humanidad y estética castiza y joven. Joven hasta el final con noventa y un año. Un día, se le ocurrió componer la partitura de una zarzuela llamada Luisa Fernanda, que con Doña Francisquita y sobre todo con La verbena de la Paloma son las jotas de la corona del rico panorama lírico español.

Escribió mucho, supo sacarle partido a su longevidad; La Tempranica, La chulapona, Maravilla, La caramba, multitud de conciertos para cuartetos de guitarra, de gran éxito por el mundo, jotas, revistas, películas y una ópera El poeta, estrenada en el teatro de la Zarzuela de Madrid, por el gran Plácido Domingo.

Fui testigo de su gestación, ensayos y estreno. Plácido Domingo se volcó en interés porque la partitura viera la luz del escenario. Pocas gentes he conocido, con un corazón tan grande, como el de Plácido. Estaba el tenor, muy agradecido al maestrito por Luisa Fernanda. Plácido había cantado todos los papeles de la obra, los de los hombres y los de las mujeres casi. Fue la obra que más veces representaron los padres del tenor; Pepita Embid y Plácido Domingo (padre).

En la guerra civil el maestro con su mujer, emigraron a México con la compañía de los padres de Plácido y la bandera de presentación en el mundo fue Luisa Fernanda. De ahí que Domingo estrenara la ópera El poeta, basada en la vida de Larra, con notable éxito. El fallo estuvo en no ser cantada en italiano, francés, alemán o ruso. Porque lo bueno que tiene las óperas, es que no se entiende lo que cantan. Un momento en la representación, Larra, el poeta, se le ocurre pedir un café con leche, cosa de lo más normal si se está en la tertulia de un café y aquello fue la leche. A pesar de lo bien que lo interpreto Plácido, el público lo entendió y se lió. En alemán no hubiera ocurrido tal cosa.

Como a mí siempre me ha gustado la gente castiza, vaya mi recuerdo imborrable de este genial compositor memorable y amigo, que su gusto fue trabajar para los demás, estar siempre activo procurar que la gente fuera feliz y cantara… “A la sombra de una sombrilla de encaje y seda”

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