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El túnel que dibuja el impacto del Covid-19: "El ciclismo no tiene el potencial del fútbol"

CORONAVIRUS

E.I. | Jueves 16 de abril de 2020
Hay preocupación en el pelotón internacional por la catástrofe económica que podría desencadenarse en este deporte.

¿Se imaginan que el Liverpool, campeón vigente de la Liga de Campeones, desaparezca por la crisis financiera consiguiente al coronavirus? ¿O que ese camino hacia la extinción lo recorran Mercedes (Fórmula Uno), los Toronto Raptors (NBA) o Repsol Honda (MotoGP)? Parecen escenarios impensables. Pues bien, en el ciclismo se convive con un terror tal que hay voces que alarman del peligro de la supervivencia del mejor equipo de 2019 y, también, del propio deporte en su escala profesional.

Los problemas para encontrar patrocinadores potentes, que aseguren la vida de estructuras ciclistas, es algo que arrastra el ciclismo. Bien lo saben los trabajadores españoles de este deporte. España pasó de gozar de multitud de equipos en la élite, brillando y alegrando etapas en el Tour de Francia o Giro de Italia, a que sólo tuviera presencia el Movistar Team.

Pero a ese mal endémico -fruto de lo nocivo del dopaje y del menos rendimiento del marketing en comparación con otros deportes- se ha unido ahora la inestabilidad generada por el impacto que está teniendo el Covid-19. En la cancelación de carreras, sobre todo. El horizonte yace muy nublado e incluso a los colosos del pelotón les tiemblan las piernas. Ahora mismo, sólo el Ineos británico, el Movistar y pocos más pueden estar tranquilos en cuento a la viabilidad de sus proyectos.

No así, según ha declarado su jefe, el Deceuninck Quick-Step. El conjunto belga fue el mejor del UCI World Tour (la Primera División ciclista) en la temporada pasada. Fue el que más etapas y carreras cosechó a lo largo de los doce meses. Tuvo a dos de sus corredores en el Top-10 de lo más destacados del año (Julian Alaphilippe, segundo, y Elia Viviani, noveno). Su curso precedente resplandeció como imperial. Pero ahora vienen curvas.

Patrick Lefevere, su arquitecto y manager, ha hablado para el medio belga Sporza en una entrevista en la que se ha sincerado. "Estoy asustado, temo la quiebra de los equipos ciclistas. También yo tengo miedo. La diferencia con el fútbol es que los equipos pueden vender a sus futbolistas. En el ciclismo eso no existe. Vivimos de la gracia los patrocinadores y un poco de marketing", confesó.

"Los equipos con patrocinadores pueden darse el lujo de no competir hasta junio, pero no sólo las carreras pierden. Cuando las carreras comiencen de nuevo, los organizadores comenzarán a llorar todavía más de lo normal. Piden hacer un esfuerzo y nosotros pensamos en lo que tenemos que devolver a los patrocinadores y que necesitamos que nuestros ciclistas compitan", diagnosticó.

Que el Deceuninck Quick-Step tema el futuro a corto y medio plazo es un síntoma explícito de cómo se respira en el ámbito ciclista profesional. La pasada semana tomó la palabra el mandatario del conjunto belga. Francis Van Eeckhout le dijo al diario Het Nieuwsblad que "este es nuestro segundo año como patrocinadores y queremos recoger los beneficios de nuestro patrocinio". "Pero sabemos cuántos corredores, directores deportivos, cuidadores y conductores tienen trabajo en el equipo y no les vamos a dejar atrás", afirmó. Sin embargo, en su país se habla del peligro de la sostenibilidad de su presupuesto y del Lotto Soudal. Poca broma.

El director del Tour de Francia, Christian Prudhomme, ha aportado claridad a lo que ocurre. "En todas las reuniones que hemos mantenido, todo el mundo estaba de acuerdo en que el Tour era imprescindible para la vida y a la economía del ciclismo. El ciclismo necesita al Tour. No hemos tenido que decir nada nosotros, todo el mundo ha reconocido desde el principio que el Tour es imprescindible, que sin él vamos a la catástrofe, que la mayoría de los patrocinadores vienen al ciclismo por el Tour", ha manifestado.

La 'Grande Boucle' es el epicentro económico, del mismo modo que la Liga de Campeones ejerce como trampolín para los equipos de fútbol que compiten en ella. Prudhomme ha reconocido que aplazar la carrera hasta el 29 de agosto "era la única oportunidad". "Lo más importante es la salud. Si el Tour no se corre en esas fechas querrá decir que nuestros países estarán en una situación catastrófica. No quiero ni imaginarlo. Aún quedan cuatro meses y medio y nadie sabe qué puede pasar. Nosotros respetaremos lo que digan las autoridades sanitarias", resumió.

Es incertidumbre es compartida también por Óscar Pereiro, ganador del Tour 2006. El gallego, devenido en analista del ciclismo, ha ofrecido su opinión con respecto al futuro de su deporte. Y no dista en nada de la perspectiva compartida por el resto de profesionales. "El Tour marca el camino en el ciclismo, eso es una realidad. A partir de ahí veo coherencia, el Giro no se podía dejar para el final por el tiempo y la sacrificada es la Vuelta. La propuesta es razonable y la noticia positiva para este deporte, que haya calendario es importante y que se hagan las tres grandes es bueno para los equipos y el ciclismo en general", avanzó.

Y declaró, con crudeza, esta lectura generalizada: "Es necesario que el pelotón vuelva a competir porque el ciclismo es un deporte que depende de la publicidad, y si no hay repercusión los patrocinadores tienen perdidas, son empresas que tienen que generar dinero, y si no ve resultados no invierten. Tal vez la situación ahora no sea crítica del todo, pero no tenemos el potencial del fútbol para aguantar. Necesitamos carreras".

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