Opinión

ANATOMÍA DEL BUENISMO

Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 18 de agosto de 2008
La política exterior de Zapatero ha sido colocada frecuentemente bajo la etiqueta del “buenismo” y durante algún tiempo a los socialistas no parecía gustarles demasiado esa calificación, aunque en una ocasión le he oído decir a Moratinos –jefe de esa diplomacia buenista- que cómo le podía molestar a nadie que ellos, los socialistas, fueran tan buenos…

Pero ya han asumido plenamente la etiqueta y hasta la exhiben como un timbre de gloria. Se han apropiado y han hecho seña de identidad lo que era una crítica de una política exterior basada en los supuestos ideológicos “progres”, en el seguidismo de la izquierda internacional, en el apaciguamiento a ultranza y en la idea de que el diálogo lo arregla todo. Así se deduce de las declaraciones de la señora Valenciano, responsable de política internacional del PSOE, que denomina al buenismo “estrategia del futuro” y sitúa a Obama y a Zapatero como máximos exponentes de la misma. Nada que objetar al reconocimiento de que el buenismo es una buena definición de la actual política exterior socialista…y de sus penosos resultados.

Pero incluir a Obama en el lote es mucho más discutible porque el candidato demócrata está cambiando casi de un día para otro sus posiciones en política exterior de modo que en cuestiones como Irak, Irán, Georgia…etc. las opiniones que se le oyen se alejan cada vez más de ese buenismo que tanto le gusta a la señora Valenciano. Cualquier experto en política internacional sabe que en los Estados Unidos no suele haber bandazos en política exterior y si no se puede decir -para que la izquierda no se ponga de los nervios- que en política exterior un Obama presidente sería más parecido a Bush de lo que algunos piensan, sí se puede afirmar que podría parecerse mucho a lo que fue la política exterior de Clinton. Una política exterior que podría calificarse de muchas maneras pero, desde luego, no como buenista.

Sólo ha habido un presidente verdaderamente buenista en los Estados Unidos, Jimmy Carter, y todo hace pensar que Obama no camina por sus mismos derroteros. Carter ha sido considerado el peor presidente contemporáneo y ahora parece que comparte palmarés con Bush, la antítesis del buenismo. Habrá que ver cómo aguantan uno y otro el paso del tiempo, aunque Carter ya está más que juzgado. En todo caso podría afirmarse que sea quien sea el futuro presidente de los Estados Unidos, tratará de que no le comparen con ninguno de esos dos antecesores.

Por las mismas razones, me parece un abuso comparar a Obama con Zapatero, aunque superficialmente se les pueda aproximar por juventud, por su apuesta por un cambio (más bien poco definido) y hasta por la vacuidad de muchos de sus discursos. Pero Obama tiene una sólida formación, nada menos que en Harvard (de cuya Law Review fue director), y ha viajado por el mundo, mientras que Zapatero no tiene otra trayectoria que la de un afortunado aparatchik “de provincias”. La señora Valenciano tuvo la puntería de hacer sus declaraciones casi simultáneamente con la brutal respuesta rusa en Georgia a la imprudente provocación de Saakhasvili. Un caso de libro que demuestra cómo responde una potencia con ganas de recuperar su influencia en el tablero mundial al buenismo de las potencias occidentales, temerosas de irritar a Moscú y decididas a jugar al apaciguamiento cueste lo que cueste y aunque haya que rendirse.

La incapacidad de resistir y de frenar al agresor es un mensaje que recibirán con placer de Irán a China y de Venezuela a Zimbabwe todos los dictadores que comprenden que las democracias amenazan pero nunca dan. Y a veces ni amenazan porque saben que han perdido credibilidad. La conclusión es evidente: Al buenista se le pierde el respeto y se le toma por el pito del sereno. Y el mundo no se hace más pacífico sino que se convierte en un lugar más inseguro y hostil porque nadie es capaz de frenar a los agresores, para los que el buenismo es el mejor de los mundos.

La paradoja del buenismo es que hace de la paz su bandera pero, a la larga y a veces incluso a la corta, la paz es su primera víctima. Y es que sobre la tesis de que “todo el mundo es bueno” no se puede construir una política exterior seria. Sigue teniendo plena vigencia la famosa frase de Churchill: “Habéis renunciado al honor para evitar la guerra: Ya tenéis el deshonor, pero también tendréis la guerra”. Esa es siempre la cruz del buenismo, que acaba sumido en los males que quiso evitar, mirando para otro lado mientras los “malos” hacían su faena. Mal la va a ir a Occidente y a lo que representa en el mundo si, como quiere la señora Valenciano, el buenismo es la estrategia del futuro.

TEMAS RELACIONADOS: