El Gobierno ha culminado este martes su giro de 180 grados con respecto al uso de mascarillas al aprobar su obligatoriedad en Consejo de Ministros. Tras repetir durante meses que no tenía “ningún sentido” usarlas, ahora las considera imprescindibles.
Este lunes, se hacía patente el acuerdo entre el Ejecutivo y las comunidades autónomas para obligar a usar mascarillas en espacios cerrados y en la vía y el transporte público, si no es posible garantizar la distancia mínima entre personas de dos metros. La medida ha sido acordada en el seno del Consejo Interterritorial de Salud, con el ministro Salvador Illa y sus consejeros. "Todas nuestras decisiones estan en permanente revisión y nos ha parecido que ahora era conveniente dar este paso, como medida de precaución, cautela y seguridad", ha defendido este martes Illa.
Sin embargo, el Ministerio no siempre ha sostenido la misma tesis en cuanto a la efectividad de las mascarillas. A finales de febrero, tanto Illa como el director desde 2012 del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando SImón, desaconsejaban su uso.
Fue entonces cuando, al constatar el creciente uso de las mismas en la calle, las autoridades sanitarias afirmaron que se trataba de una actitud alarmista que carecía de sentido.
Las imágenes de ciudadanos con mascarilla llegaba a través de los medios de comunicación desde Asia, el continente más golpeado por la pandemia en un primer momento. El 11 de marzo ciudadanos de origen chino comenzaban a repartir mascarillas en el madrileño barrio de Usera.
Durante estos días, se sucedían noticias sobre los altos precios que estaban alcanzando las mascarillas en el mercado, mientras se agotaban en los canales de distribución, al igual que otros productos de higiene y desinfección como los guantes o el alcohol gel.
Sin embargo, desde el Gobierno continuaban mostrándose reticentes a su uso, pero introducían un matiz: "Si estás sano, no es necesario mascarilla”, decía la propaganda ministerial. Durante esos días de marzo, el marchamo era que las mascarillas podían ser peligrosas si no se usaban correctamente.
Uno de los giros de guión inesperados tuvieron lugar cuando el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó una fábrica de respiradoress ataviado con mascarilla y guantes. A partir de ese momento comenzó una serie de declaraciones confusas por parte de los expertos sanitarios, con Fernando Simón a la cabeza, que llegó a decir que a finales de abril decía, con un extraño giro en el castellano, que había una “recomendación fuerte” de usar mascarilla.
De ahí pasaron a ser obligatorias en el transporte público, según una Orden del Ministerio de Transportes. Ahora, tras el pertinente Consejo de Ministros, las mascarillas pasan de ser poco aconsejables a obligatorias.