Opinión

La recuperación europea

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Martes 26 de mayo de 2020
Tras tres tristes meses de parón por la epidemia del Covid-19 entramos ahora en la fase de recuperación y la cuestión que se plantea en la Unión es la financiación, que también es un trabalenguas de difícil pronunciación. Pero Europa no es solo la economía ni se trata solo de recomponer la marcha de la situación después de la detención, si solo fuera esa la cuestión tendría fácil solución, no hay más que repetir y repetir hasta que te salga bien.

Para arrancar otra vez los estados después de haber estado tanto tiempo parados, ha dicho la Comisión que ir despacio es lo mejor, teniendo en cuenta que en todos los casos no es la misma situación ni todos tienen la misma capacidad de reacción y la reanudación puede servir para aumentar las diferencias entre las partes constituyentes de la Unión.

La Comisión también ha dicho lo que ya ha hecho, que es aplicar la cláusula de salvaguardia, dotar de flexibilidad a los fondos de ámbito estructural y a las normas sobre ayuda estatal. Y además, ha agregado, que va a impulsar la inversión y fortalecer sus prioridades, las suyas, las de la Comisión, en eso no ha habido variación, las cuales son: el pacto verde, la resiliencia y la digitalización. Es decir, que volvemos por dónde solíamos antes del parón.

El instrumento básico para la recuperación va a seguir siendo el mismo, o sea el presupuesto, cuya aprobación aún no se ha resuelto a fecha de hoy, lo cual tendrán que cabalmente arreglar antes de meterse con lo siguiente si es que quieren que la Unión continué aunque solo sea materialmente. El Marco Financiero Plurianual 2021-2027 es para siete años no para uno ni dos.

Ciertamente hay alguna innovación en la financiación, pues se ha creado un nuevo instrumento de recuperación, para pagar el cual se recurrirá como fuente al endeudamiento en los mercados internacionales de capital, aunque con un tope máximo no sea que alguien con mucho dinero nos compre y decida como tenemos que actuar; es decir, que se va crear deuda de la Unión pero, eso si, con los estados miembros como garantes finales de la operación.

Ese instrumento se centrará en los primeros años, en las necesidades más agudas y con mayor potencial, pero no tiene autonomía sino complementariedad con lo que hay: el programa SURE, el Banco Europeo de Inversiones y el Mecanismo Europeo de Estabilidad; aunque dispondrá de una asignación extraordinaria para la cohesión en función de la gravedad. La Unión va a ponerlo en práctica en el marco del semestre europeo, que es un ciclo de coordinación durante el cual examinará las políticas presupuestarias y estructurales de los estados y dictará recomendaciones sobre las reformas que luego tendrán que hacer.

A la vez la Comisión, y sin perjuicio de lo anterior, ha dicho que quiere activar la economía y la inversión en tecnología: 5G, inteligencia artificial, hidrógeno limpio y energía renovable marina. Y para lograrlo no va hacer nada nuevo sino que va a reforzar de nuevo lo que hay, es decir InvestEU, rescEU y Horizonte Europa. Además creará un instrumento de inversión estratégica y otro más de solvencia para recapitalizar las empresas, así como un nuevo programa de salud.

No obstante lo anterior, algo echamos en falta en esta compleja cuestión de la financiación de la recuperación. Falta conexión para evitar esa sensación que nos da la Comisión de actuar siempre en el vacío, como si todo lo tuviera sabido y sobre todo lo que falta es sentimiento en medio de tanto rigor. Así que ahí van unas estrofas de Shelley para recuperar el verdadero espíritu de Europa en la Unión:

Over the rills, and the crags, and the hills,
Over the lakes and the plains,
Wherever he dream, under mountain or stream,
The Spirit he loves remains;
And I all the while bask in Heaven's blue smile,
Whilst he is dissolving in rains.