El aluvión de críticas contra el empeño del Gobierno en celebrar la manifestación del 8-M no supone un ataque al feminismo, como pretenden propagar Sánchez y sus voceros en una nueva y burda manipulación. La denuncia se basa en que todos los expertos sanitarios, en primer lugar el Ministerio de Sanidad, y en especial Fernando Simón, conocían con antelación que el coronavirus ya se expandía a sus anchas por España, por lo que celebrar la manifestación suponía un riesgo evidente de que se produjera un contagio masivo.
La denuncia de la oposición y de muchos periodistas independientes se basa en que el Gobierno no quiso impedir el 8-M por tratarse de un acto diseñado para que los socialistas y comunistas celebraran su fiesta propagandística por excelencia desechando el peligro de que la pandemia se expandiera sin control.
Pero Sánchez y sus voceros pretenden acallar las críticas con esa demagógica acusación. No se critica el feminismo, un movimiento apoyado por la inmensa mayoría de los españoles. Se critica la temeridad del Gobierno en su afán por apropiarse de la bandera de la igualdad, como si solo el PSOE y Podemos defendieran la causa.
De hecho, el retraso en tomar medidas para frenar la pandemia, pese a conocer los informes científicos, es el argumento de las muchas querellas que están llegando a los tribunales contra los responsables del Ministerio de Sanidad. No debió celebrarse ni la manifestación del 8-M ni el mitin de Vox ni tantos y tantos actos multitudinarios. Pero resulta evidente que a Pedro Sánchez solo le importaba que su Gobierno ondeara la bandera feminista como si fuera de su propiedad. Pero, en este caso, la impúdica propaganda de la izquierda puede desembocar en una cascada de condenas en los tribunales.