Opinión

Carta de Walt Whitman a Donald Trump

TRIBUNA

Emilio Arnao | Jueves 11 de junio de 2020

¡Ah, Norteamérica, de nuevo, tus excrementos arrojas contra los negros, mas, oramos en ateo o en religión, a gusto o disgusto de cada cual, por que con tu ejército granizando tu defensa por calles, ciudades, barrios y hasta los lagos con sus ahogados, no tornes, ya lo sabes, a cicatrizar tu falsaria ofensa¡

¡Que millones de melenas con agua en dinamita sin explosión ninguna que hiera grave y físicamente todavía leen y con esta paz de alimentan¡ ¡Que aún permanecen por ahí, por aquí y por acullá, aquellos versos del adolescente Walt Whitman¡ Por un suponer, aquestos mismos: ¡oh yo, vida¡ Todas estas cuestiones me asaltan, del desfile interminable de los desleales, de ciudades llenas de necios, de mí mismo, que me reprocho siempre, pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?... La pregunta, ¡oh, mi yo¡, la triste pregunta que vuelve: “que estás aquí, que existen la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que quizás tú contribuyen a él con tu rima”. Mas en otro el viejo niño se canta a sí mismo de esta guisa mientras está guisando en su casa de Candem, entre hojas de hierba aclarando todos sus poemas durante mucho tiempo censurados: Nacido aquí de padres cuyos padres nacieron aquí y cuyos padres también aquí nacieron. A los treinta y siete años de edad, gozando de perfecta salud, comienzo y espero no detenerme hasta morir.

¡Que un Presidente no puede esconderse en el bunker de la Blanca Casa en donde vive a la vez que manda y guitarrea su cobardía con una Biblia apócrifa en una mano y con la otra con el mazo dando¡

¡Que así fin ponen a su existencia, según relata la Historia honesta, los dictadores todos, aquéllos, con bigote y cruz gamada, esotros, en paredones fusilados o como cerdos colgados¡

¡Como vos, nuestro señor dibujo animado, pato Donald, cautivo y desarmado por el ejército ciudadano, lo juramos, será juzgado, empero no por los versos de los pobres, en si no, por el mundo que, en cólera desgarrado, prepara ya la pacífica, del olvido, ermita¡

Porque queremos que se cumpla el justo pan en toda hora, desde Miniápolis a New York.

Porque somo tantas las niñas que, con aceite, ternura y palabra sana, le decimos lo que en razón deseo es con amor:

Caballero Donald Trump, arrójese usted desde la corona de la Estatua de la Libertad por acabar no muriendo, que somos gentes de paz, sino sobreviviendo con su flotador de pato libremente y superficialmente sobre la secreta y bella mar.