Felipe González, el nombre más relevante de la entera historia del PSOE, se ha manifestado reiteradas veces, de forma siempre respetuosa y moderada, contra la política y las alianzas de Pedro Sánchez. Según informaciones serias que proceden del entorno monclovita, el presidente ha decidido contraatacar. Y no se le ha ocurrido otra cosa que poner el dedo en la llaga felipista desenterrando el cadáver del Gal, tras tirar la piedra y esconder la mano.
Fue aquel un pasaje oscuro, olvidado y superado, pero que al revivir puede significar un desazonador incordio para Felipe González. La posición de Pedro Sánchez parece clara: “O te callas de una vez, Felipe, o te suelto los mastines del Gal”.
El sanchismo chapotea a gusto en los albañales revisionistas. Ha empleado la fórmula contra la oposición, contra los disidentes y hasta contra el Rey padre. Le toca el turno ahora a Felipe González. El expresidente, tras quince años en el poder, suma grandes aciertos y también algunos errores. Ventear los fallos puede resultar muy ingrato para el hombre que presidió durante tres lustros una política socialdemócrata a la europea. Es posible que Pedro Sánchez acierte al fustigar a Felipe González. Es probable que se equivoque y que el viejo león reaccione clavando sus garras en un hombre menor que solo dispone de 120 escaños y se ha enredado en unas alianzas devastadoras, incluso con los proeterras de Bildu.
Las espadas, en fin, están en alto. No resulta fácil prever lo que va a ocurrir porque nada más complejo que las luchas intestinas en un partido. Pedro Sánchez es un político roca y ya venció a Felipe González cuando en las primarias del PSOE derrotó a la candidata felipista. Ahora, además, actúa con arrogancia desde el poder.