El sistema capitalista no es un sistema, en todo caso, un golpe atroz algorítmicamente trazado con puñadas y mojicones. Y no lo dice uno, sino otras y otros muchos más sabios que este monosabio que esto escribe por ver si esta cólera internacionalizada se sale de madre como ya vemos u oímos en países en los que, aprovechando la enfermedad endémica, así lo van refiriendo y amortizando.
Que se pregonan como vinos, tal que hacía nuestro Lázaro de Tormes al final de su jornada, este faldellín que los grandes magnates visten y con los que se decoran más su mantellina de damasco azul con pasamanos de oro fino. El mundo obrero -disculpen la anacronía, que no es tal, sino más aumentada si se cabe- retorna a releer aquellas ediciones de Marx y Engels, mas que esta vez con recta lectura y no con tergiversaciones y malas praxis, pues se ha de saber que ni el mismo judío, borrachuzo y en cuestión de parné siempre sableando al aristócrata y amigo Engels, susurró con voz quedita unas cositas cuando ya la espichaba. Que esto fue lo que le dijo en Londres a su compañero del alma, compañero, doliéndole hasta el aliento: “Sigue tú con El Capital, pero que quede claro que mi marxismo no es el mío, que no lo hagan suyo otros, ante todo en relación con revoluciones violentas, además…”, y Carlitos Marx cerró los ojos ya para siempre.
El capitalismo arrastra hacia la civilización a todas las naciones, incluidas las más bárbaras. (K. Marx).
A la sazón de la sinrazón, la economía de mercado no puede ni debe crecer de manera expansiva hasta donde ya ni siquiera los cielos existan, pues que todo lo que crece y crece y continúa -con mala alimentación- archidignándose en gigantismo, como la Historia reciente muestra, al final del camino vertical va, coge, pincha y suena un blufff o acaso algo más resonante.
Los obreros no tienen patria. No es posible quitarles lo que no tienen. (K. Marx).
¿Adónde, pues, habrá costillas que la sufran? Ya entonan las trompetas estas novísimas damas de hierro. Ya acontecen los carroñeros vestiglos de este mundo perro. Ellos son -creednos- los que dicen esto tan fiero: váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza. O traduciéndolo en lengua moderna: el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
El trabajo asalariado descansa sobre la competencia de los obreros entre sí. (K. Marx).
Yéndonos concluyendo -o no, según estos dedos míos así me lo soliciten- en estos momentos tan complejos, delicados, con bulos que por información engordan las bellotas de la verdad, mejor dicho, de las muchas verdades, asistimos a excesivo ardimiento en la mayoría de las cancillerías, castillos, casitas en donde con digital precisión -oráculos de Delfos las llamaría yo- ya avisan con gran terror lo que está por venir. Esas casitas que son rascacielos y que por nomenclatura se citan como FMI, OCDE, Bancos Centrales, etcétera, etcétera…, ¡ah, y nuestro Banco de España¡ -que muchas y muchos ya sabemos quién o quiénes están detrás, delante o invisiblemente laborando en ésta nuestra institución que, en vez de calma y buena ventura señalar, hilando va copo a copo con toda la artillería de su estopa-,.
Que en esta ya posguerra pandémica algunos boss de la Privada Sanidad, de la Privada Educación, de la Privada privatización de lo que claro ha quedado ha fallado en esta globalización neocapitalista, parece que no reculan y siguen y prosiguen, como si no hubieran olido la pólvora que en perfume maniobra contra la algalia.
¡Ea, sus¡ Dispútense, ustedes, caballeros, su cercada necedad, en vez de en vez paliar esta nova fiebre del Gran Capital, nascida de la infamia y de la vuestra oquedad. Empero no olviden que todavía en charco se baña la enfermedad. Si bien, hay enfermos que así fueron paridos en mal siglo, mas no de pandemia, si en tal, de crónica crisis mental, que aquí no se ha de comentar.
Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución de la ciudadanía pacífica. Los proletarios no tienen otra cosa que perder en ella que sus cadenas. Que tienen mucho que ganar. (K. Marx), quien descanse en paz, si la ultraderecha global no vuelve a quemar día a día su dulce despertar, como ahora mismo muchas estatuas cayendo están entre mares, calles, frente a parlamentos, en definitiva, por razón de estas ninfas que saliendo están de sus novelas pastoriles para pisar con sus pies descalzos este ruido mundanal espantoso por motivos y abrigos -lean y vean- de esta actual y ya predecible tiempo ha artrósica realidad.