Tras entrar por el acceso norte de IFEMA, los familiares fueron conducidos a una de las cuatro salas que están divididas por orden alfabético, donde les esperaba un psicólogo que les intentaba poner en situación tras explicarles que debían aportar la mayor cantidad de datos posibles sobre el familiar para facilitar la identificación del cuerpo a los expertos forenses.
Un psicólogo del Samur-Protección civil ha explicado que "cualquier dato" puede servir para la identificación del cadáver, de manera que un tatuaje, una prótesis dental o un simple anillo, pueden ser pistas que posteriormente son contrastadas con la información que poseen los forenses.
Posteriormente, uno de los familiares o un algún allegado a la familia se ofrecía como voluntario para acudir al pabellón 6 de IFEMA, en el que están depositados los cadáveres, y después de observar el cuerpo calcinado debe confirmar si es o no la persona que busca la familia.
Según ha comentado un testigo presencial, en el pabellón seis de IFEMA hay cerca de un centenar de cadáveres que están distribuidos a lo largo de la zona con dos o tres metros de separación entre ellos, algunos están cubiertos y otros totalmente descubiertos, por lo que se pueden observar los restos calcinados.
Otros familiares menos afortunados tendrán que reconocer cuerpos seccionados y mutilados en varios pedazos que se encuentran en estado casi irreconocible, relata este testigo, quien también asegura que algunos de los cadáveres yacen en bolsas plásticas que apenas sobrepasaban el medio metro.
Frente a los cadáveres se han colocado sillas, y dentro del pabellón 6, que mide más de 7.000 metros cuadrados, hay suficiente espacio para improvisar un laboratorio policial en el que los vehículos y furgones de los servicios funerarios y policía científica entran y salen constantemente.
Pero "el calvario psicológico", frase utilizada por algunos de los psicólogos, empieza cuando la persona asume que ha perdido a un familiar, y a medida que avanza el tiempo se agudizan más las crisis emocionales.
Desconcierto de los familiaresMientras algunos familiares caminaban desconcertados por el interior del recinto en busca de algún tipo de consuelo, otros parecen haber asumido el duro trago y descansaban en un área habilitada en la parte superior de las afueras del pabellón 8, en una zona que cuenta con un 'catering' improvisado y en la que decenas de psicólogos, voluntarios, médicos y asistentes sociales estaban a disposición de los afectados.
Otra improvisación, consecuencia de este trágico accidente, ha sido la misa celebrada, poco antes de la visita de los Reyes de España, y que ha estado oficiada por el obispo auxiliar de Madrid, César Franco, el obispo de Canarias, Francisco Cases, y una veintena de sacerdotes. La misa se ha celebrado sin la presencia de autoridades políticas conocidas, a excepción del consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados.
Alrededor de 200 familaires de las víctimas asisiteron a la misa oficiada por el obispo de Canarias, Francisco Cases, en la parroquia María Virgen Madre, cercana al recinto ferial de Ifema. Hasta la iglesia, situada en la avenida de Machupichu, fueron trasladados en diversos autobuses los familiares procedentes tanto del pabellón seis de Ifema como del hotel Auditorium, donde se encuentran alojados. Muy afectados, algunos de ellos en todo momento abrazados ente sí, los familiares han estado acompañados por voluntarios y profesionales de la Cruz Roja, así como por personal de la compañía Spanair.
En la eucarístía, el obispo de Canarias ha asegurado que algunas personas le habían confesado antes de entrar en la iglesia que habían perdido la fe y que "se habían peleado con Dios". "Dios estaba sufriendo con vosotros ayer, estaba sufriendo con vuestros difuntos", ha afirmado Cases quien ha subrayado que "Dios no nos envía cosas malas".
Los familiares abandonan IFEMALas puertas del recinto de Ifema estaban casi desiertas a las 22:45 horas de este jueves después de que los restos de los cuerpos que aún faltan por identificar hubieran sido trasladados al tanatorio de La Almudena.
A esa hora sólo dos agentes de policía municipal permanecían en el acceso Este de Ifema donde durante todo el día ha estado desplegado un dispositivo de seguridad compuesto por agentes de la Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local, así como casi un centenar de periodistas que hacía guardia en el lugar desde que ocurrió el suceso.
Según ha explicado un portavoz de Cruz Roja, a las doce de la noche del miércoles había unos 600 familiares en el recinto, una cifra que a lo largo de la jornada de este jueves ha ido disminuyendo hasta haber 200 allegados en las instalaciones. A las 22.45 horas de este jueves seguían abandonando el lugar familiares, la mayoría en coches particulares.
Familiares: "Duele un montón, pero tenemos que ser fuertes"Los familiares de las víctimas, que se encuentran en el hotel Auditorium, han mostrado los rostros marcados por el dolor por la pérdida de sus seres queridos y tratan de reconfortarse con frases como "duele un montón, pero tenemos que ser fuertes".
Mónica María de Jesús Farias, que acompaña a un amigo que ha perdido a su hermano en el accidente, ha precisado que Ronaldo Gomes da Silva, de 26 años, viajaba en el avión siniestrado con su mujer, nacida en España, después de casarse en Brasil, donde habían pasado tres meses, para visitar a la familia. Ha detallado, la madrugada del viernes, que no han podido ver el cuerpo de Ronaldo, que ha sido identificado por las huellas dactilares, porque los psicólogos les dijeron que era mejor no hacerlo y están a la espera de que los padres decidan qué hacer con sus restos.
Ronaldo le había confesado a su hermano que si algún día le pasaba algo quería estar junto a su mujer, que será enterrada en Canarias, aunque, hasta ahora, no ha sido identificada. Mónica María de Jesús Farias, que fue la madrina de la boda de la pareja fallecida, ha afirmado que el hermano de Ronaldo está "fatal", pero, como íntima amiga, ha tratado de animarlo diciéndole: "duele un montón, pero tenemos que ser fuertes".
Por su parte, Enrique Sánchez, residente en la capital grancanaria, está a la espera de la identificación de los cuerpos de sus padres, que viajaban a Las Palmas para celebrar este viernes el cumpleaños de su padre, una celebración que intentaban compartir todos los años. Sánchez ha explicado que su padre, de nacionalidad española y de 78 años, y su madre, de nacionalidad colombiana y de 65 años, viajaban en la parte de atrás del avión, quedaron en muy mal estado y no se les puede reconocer.
Una vez que sean identificados a través del ADN en el plazo de 48 ó 72 horas, recibirán los cuerpos y tomarán la determinación de enterrarlos o incinerarlos, ha detallado Sánchez.