Dice Alberto Feijóo que necesita que le vote el 10% del PSOE y Cayetana lo dificulta. ¿Cree de veras el líder de los populares que votarán a su favor algunos socialistas gallegos? Sería posible si quien fuera embajador de España ante la Santa Sede y alcalde de La Coruña, Paco Vázquez, tuviera una mínima influencia en Galicia e intercediera por el PP. Porque Vázquez, cristiano social demócrata, en las antípodas del sanchismo, ha dado muestras de sintonía con los demócratas cristianos, primero, por su visión constitucionalista, y, segundo, por su origen paulino del Colegio Mayor de San Pablo, obra de la Asociación Católica de Propagandistas, en donde se empapó de la esencia de la Transición.
En esta coyuntura, propicio es rescatar las palabras de Angel Herrera Oria, primer presidente de los propagandistas y promotor de la CEDA, partido derechista liderado por Gil Robles, ganador de las elecciones de 1933 durante la II República, y que en su diseño de un programa de alta política para entonces, abogaba por “la unión de todos y proponía como política del porvenir que las derechas den un paso hacia el centro y procuren atraerse a una parte de las izquierdas en el orden político, practicando una política amplia, generosa y comprensiva. Una política de sabia tolerancia y al mismo tiempo una política audaz en lo social”. Salvando la distancia temporal ¿es esta la idea que Feijóo postula ahora? Aunque también podría imitar la Tercera vía iniciada hace años por Tony Blair, una posición equidistante, tanto de la derecha neoliberal como de la izquierda socialdemócrata, que implica un desplazamiento de la izquierda hacia el centro. De lograr aquella síntesis herreriana, quizás Feijóo podría materializar el desiderátum de Herrera Oria. Pero el sanchismo está desviado de la senda conciliadora de Julián Besteiro o Felipe González, alineándose con el frentismo de Largo Caballero y Zapatero, senda peligrosa por antidemocrática, golpista y revanchista.
Voces como la de Cayetana Alvárez de Toledo o Martínez-Almeida resultan también necesarias en el PP si el centro derecha español pretende estar activamente presente en el debate de las ideas y en los procesos de formación de la opinión pública, domesticados hasta ahora por el Gobierno. El pensamiento conservador lleva ausente del ámbito intelectual y mediático sin acertar a fajarse dialécticamente y sin complejos ante ese altanero progresismo engreído de legitimidad democrática. Con Mariano Rajoy, el PP abdicó de su responsabilidad de defender y fortalecer los valores y principios propios de la derecha, aplicándose únicamente a las cifras económicas y congeniando forzadamente con una ideología contraria y, hasta en cierto punto, agresiva con sus ideas. Ante el regeneracionismo de Joaquín Costa, “escuela y despensa”, cultura o economía, el PP optó en las últimas décadas por su asignatura preferida: sanear las cuentas públicas, dejando que la izquierda “adoctrine” a la sociedad mediante la educación y los medios de comunicación. Ya es hora de que además de ser y estar en la economía, los conservadores sean y estén en la cultura. Buena falta hace.