Opinión

Las dos Américas

Viernes 22 de agosto de 2008
La costumbre de Hugo Chávez de tomarse la justicia por su mano y pasar por alto cuantas instancias oficiales e instituciones se le pongan por delante ha creado un conflicto diplomático entre Venezuela y México. La nacionalización a la fuerza de la empresa Cemex a principios de esta semana ha molestado profundamente al Gobierno mexicano, que ha mostrado su apoyo total a la cementera, que ayer que anunció que presentará una demanda contra el Gobierno venezolano ante el Tribunal de Arbitraje Internacional.

Con hechos como éste queda más claro que nuca que existen dos Américas tristemente diferenciadas. La “bolivariana”, liderada por el presidente venezolano, y que engloba a gobiernos como el de Evo Morales en Bolivia o el de Daniel Ortega en Nicaragua -que la pasada semana reconoció haber dado asilo a un terrorista de las FARC- y otra América, muy distinta, y que, afortunadamente, representan países como Brasil y México, Chile, Colombia y Perú, que se diferencian de los anteriores por su respeto a la legalidad y las normas que conforman el Estado de Derecho.

El tan manido “nuevo socialismo”, del que tanto gusta a hablar a Chávez, no es otra cosa que un mandato arbitrario que se rige a ritmo de decretazo, subordinando las instituciones a un proyecto personalista, en el que no cabe la discusión o la oposición. Las reformas constitucionales que pretenden poner en marcha aliados como Eduardo Correa en Ecuador -que se someterá a referéndum el próximo mes de septiembre- o Evo Morales -refrendado tras la consulta del pasado día 10- no son sino una clara muestra de sus intenciones.
De la misma forma, la anulación de la oposición a través de invalidaciones como la de Leopoldo López, alcalde de Chacao -que no podrá presentar su candidatura a la alcaldía de Caracas en las municipales de noviembre por ser sospechoso corrupción- y que supone un atropello a la presunción de inocencia, el cierre de medios de comunicación o las nacionalizaciones de tinte oscuro como la ocurrida esta semana -en las que también son muy duchos los Kirchner, que ayer consiguieron que por fin el Parlamento argentino aprobara la estatización de Aerolíneas-, no dejan lugar a la duda.

Frente a esta supuesta izquierda revolucionaria y anacrónica, afortunadamente, se sitúan gobiernos como el de Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachellet en Chile y, esperemos que el de Fernando Lugo en Paraguay, que demuestran que se puede llevar a cabo un proyecto socialdemócrata y progresista sin menoscabo del sistema democrático en el que ha de sustentarse un Estado fuerte y moderno. Ideológicamente nada tienen que ver Álvaro Uribe o Felipe Calderón, pero a todos ellos les une el respeto por las instituciones y la Ley. Hoy por hoy existen dos Américas, sí, pero la diferencia no está en el perfil ideológico, sino en su respeto a la democracia institucional.

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