AL AIRE LIBRE

PABLO IGLESIAS, ACOSADO POR LAS INSIDIAS

Luis María ANSON | Lunes 06 de julio de 2020
No había yo cumplido los 20 años, cuando Luis Calvo, en su despacho de director del ABC verdadero, me explicó...

No había yo cumplido los 20 años, cuando Luis Calvo, en su despacho de director del ABC verdadero, me explicó por qué abominaba del periodismo de la insidia y el insulto. Fue una lección que nunca he olvidado.

Pablo Iglesias no engaña a nadie. Defiende su ideología de forma razonadora y coherente. Tiene todo el derecho en la Monarquía de todos a pensar lo que piensa. Nunca caeré al juzgarle ni en el insulto ni en la insidia. Nunca perderé el sentido que, aun en la crítica, exige el periodismo serio. Ni me sumaré a las historietas y a las insidias de no sé qué tarjetas. Tampoco a nada que no sea, en su caso, discrepar de sus planteamientos. Y siempre desde el respeto.

En mi opinión, por ejemplo, Pablo Iglesias no acierta al juzgar a la Institución monárquica. La Monarquía parlamentaria es una de las formas de Estado más modernas y eficaces. Si me preguntan qué prefiero, la República de Finlandia o la Monarquía de Arabia Saudita, contestaré que la República de Finlandia. Pero si me preguntan qué prefiero, la Monarquía danesa o la República venezolana, contestaré que la Monarquía danesa. Las monarquías democráticas se encuentran entre los países políticamente más libres del mundo, socialmente más justos, económicamente más desarrollados, culturalmente más progresistas. Suecia, Noruega, Dinamarca, Luxemburgo, Inglaterra, Bélgica, Holanda, España, Japón, Australia, Nueva Zelanda o Canadá son espejos de libertad y de justicia social.

Considero un error el entusiasmo de Pablo Iglesias por las nacionalizaciones. Salvo alguna aislada excepción, el progreso reside en que haya menos Estado y más sociedad. El libre mercado y la propiedad privada están en los cimientos del desarrollo. La fiscalidad resulta necesaria pero contenida en unos límites razonables. El despilfarro del Estado es uno de los males mayores que padece España en sus cuatro Administraciones, la estatal, la autonómica, la provincial y la municipal.

Tampoco coincido con Pablo Iglesias en el entendimiento de la Educación. A mi manera de ver la Iglesia católica, a través de los conciertos concordados, debe estar presente y no hostigada. Y no para que enseñe el catecismo, sino las asignaturas establecidas por la autoridad del Ministerio de Educación y también la historia de las religiones, que forma parte esencial de la cultura general.

Pablo Iglesias es un profesor universitario culto, serio, razonador, coherente. Es también un político sagaz y no me sumaré ni a insidias torticeras contra él ni a linchamientos públicos. Por el contrario. Lo inteligente es que la Monarquía parlamentaria, la Monarquía de todos, lo integre y no que lo excluya.