Paso a la mujer que se abre paso. Nadia Calviño es moderada, discreta, prudente. Desde hace muchos años ha demostrado su inteligencia política. Tiene peso propio y recuerda al socialismo, a la socialdemocracia, de Felipe González.
A pesar del apoyo de Pedro Sánchez, ha rozado la presidencia del Eurogrupo. Su biografía política y su inteligencia personal la habían convertido en una candidata ideal. Sin embargo, no ha podido superar el escollo de formar parte del Gobierno sanchista, que despierta demasiados recelos en el conjunto de las naciones de Europa. Una lástima, porque en esta etapa de profunda crisis, en la que tan necesario es el rescate europeo, la presencia de Nadia Calviño al frente del Eurogrupo habría facilitado las ayudas de la Unión Europea, vitales, para que España supere el precipicio que bordean los pies altaneros de Pedro Sánchez.
El presidente ha volcado su espíritu cesáreo y su frenética actividad en favor de Nadia Calviño. Y se ha estrellado. Le ha faltado discreción y mesura y le ha sobrado prepotencia. Nadia Calviño reunía todas las condiciones para alzarse con la presidencia del Eurogrupo. El escollo de Pedro Sánchez ha resultado insalvable para ella.
La vicepresidenta del Gobierno representa la mesura, el buen sentido y, sobre todo, el equilibrio en la vida política española. Hay que confiar en que el pasaje europeo no la fragilice. España necesita una mujer que contenga y limite los extremismos de un sector de la política sanchista.