EDITORIAL
EL IMPARCIAL | Lunes 20 de julio de 2020
Pedro Sánchez ha pasado del mando único, del estado de alarma, más conocido como el estado de excepción, a lavarse las manos con la expansión del coronavirus. Aunque demasiado tarde, el Ejecutivo impuso un encierro domiciliario exagerado pero, por lógica, frenó la propagación de la pandemia. Ahora, con las competencias sanitarias transferidas a las Comunidades Autónomas, sólo figuran Salvador Illa y Fernando Simón como los encargados de alertar de los peligros que todavía genera la enfermedad. Con la solemnidad habitual, el Ejecutivo anunció un plan de respuesta temprana para actuar en caso necesario. Se desconocen los términos del plan en cuestión. Se sabe, sin embargo, que no se ha aplicado artículo alguno de la ley.
Las Comunidades Autónomas actúan según les parece, sin un protocolo claro y, sobre todo, con una eficacia más que dudosa. Cataluña es el mejor ejemplo. En su día, Torra llegó a decir que habría evitado contagios y muertes si la Generalidad hubiera gestionado la pandemia. El resultado es el contrario. En los últimos días se han rozado los mil contagios diarios, Barcelona se ha convertido en el foco más descontrolado y ni el president ni la alcaldesa se han puesto de acuerdo en las medidas que deben tomar para atajar la tragedia que se avecina. Como es natural, el turismo está sufriendo los desmanes de los dirigentes y nadie parece respetar las recomendaciones de confinamientos. Este fin de semana, se han producido tantos atascos en las carreteras como antes de la pandemia. También surgen inquietantes brotes en Aragón, Andalucía y en Galicia, aunque el de la Mariña ya parece estar controlado.
Ni estado de excepción, ni apatía. El Ministerio de Sanidad, a través del desconocido plan de respuesta temprana, debería poder actuar allá donde la pandemia se descontrole. No se trata de alarmar desde la pasarela de La Moncloa, como hacen Illa y Simón. Se trata de actuar, de coordinarse con las Comunidades Autónomas y de trabajar con eficacia para evitar que cuando Sánchez regrese de Bruselas con los bolsillos vacíos se le vuelva a ocurrir decretar el estado de alarma, encerrar a los españoles en sus casas y dar la puntilla a la economía.