Alberto Míguez | Viernes 22 de agosto de 2008
Desde hace meses la Unión Europea tiene como presidente al jefe del Estado francés, Nicolás Sarkozy. No se trata, por supuesto, de apenas de un puesto formal como el que corresponde a cualquier presidente galo.
Sarkozy ejerce de presidente de la UE y lo hace sin mala conciencia ni falta de medios. La primera prueba de que el polémico jefe de Estado ejercía seriamente como dirigente de la UE la dio sin duda cuando presentó en París la cumbre sobre el Mediterráneo, cuyos resultados ya se conocerán por los hechos. Después, no hubo semana sin que del Elíseo no saliera una iniciativa internacional: un día fue el controvertido asunto de la presencia europea en la inauguración de los Juegos Olímpicos, otra semana, la intervención en la guerra de Georgia. Y así sucesivamente.
Desde un punto de vista puramente formal la presidencia de la UE ha venido siendo un asunto de altas y, a veces, inútiles discusiones.
Hasta hace poco los presidentes de la Unión se limitaban a tomar cuidadosa nota de una agenda internacional complicada y los presidentes, también por su cuenta, a dirigir y gestionar temas de cierta entidad.
El presidente francés ha sido criticado en muchas ocasiones por su forma de aplicar las opciones de la Unión. Con poco éxito, por cierto. Su especial manera de gestionar y entender la diplomacia internacional empieza, sin embargo a dar resultados.
El llamado “Mr. Europa”, nuestro compatriota Javier Solana, debería estar destinado a un tipo de trabajo semejante al que Sarkozy está realizando. Nos encontramos aquí con un doble destino que a veces funciona y otras, no.
Solana y Sarkozy, desde el punto de vista formal y diplomático, tienen poco que decirse y hacer: pero están trabajando duro y todo el temario antes citado, que va desde el Mediterráneo a Georgia, lo está demostrando.
Se trata ahora de convertir estas dos estructuras en instrumentos útiles. Y su utilidad no puede basarse solamente en la eficacia a corto término. No es lo mismo participar con Rusia y otros países en el plan de pacificación de Osetia o de Georgia que hacerlo en el Chad o en Mauritania. Hay, pues, un largo camino para Sarkozy y sus colaboradores. Se trata ahora de que tengan el apoyo de sus socios en la Unión.
TEMAS RELACIONADOS: