Opinión

Inmigración ilegal, una cuestión global

Viernes 22 de agosto de 2008
Cuando se conoció la noticia de que un pesquero español había rescatado a 40 inmigrantes, que pretendían llegar a Europa a bordo de una patera, más de uno debió pensar que se había iniciado un problema de difícil solución. Y, ciertamente, así era: porque, aunque el rescate se llevó a cabo en aguas internacionales, las pequeñas dimensiones del barco alicantino,“Clot de I´llot”, hacían imprescindible el desembarco de los improvisados pasajeros a la mayor brevedad posible pero, el puerto más cercano, Trípoli, no estaba dispuesto inicialmente a acogerlos. Finalmente, las autoridades libias dieron su brazo a torcer, y muy a su pesar, los inmigrantes, de origen somalí, desembarcaron en la capital libia, algo que por otra parte no entraba en sus planes.

Lejos de suponer un acontecimiento aislado, este hecho empieza a cobrar ciertos visos de preocupante habitualidad. El verano pasado, un crucero español recogió otra embarcación de similares características, cuyo rumbo esta vez era Malta. Ocurre que casos como estos llaman más la atención por sus circunstancias especiales, pero no por ello debemos perder la perspectiva de un problema que afecta de lleno a toda Europa. Voces autorizadas alertan del auténtico coladero por donde entran sin control miles y miles de inmigrantes ilegales: aeropuertos y pasos fronterizos, cuyo control es muy difícil, sino imposible. El hecho de que un inmigrante obtenga los papeles en cualquier país comunitario, en virtud del principio de la Unión que garantiza la libre circulación de personas, ya le habilita para circular libremente por todos los países que conforman la Unión Europea. Y es un hecho que el escrupuloso respeto a los derechos fundamentales de la persona, tenga la nacionalidad que tenga, no puede ocultar el deber de todo estado a la hora de fiscalizar que quienes transitan por su territorio lo hagan bajo unas mínimas condiciones. A retos globales, soluciones globales. La Unión Europea debe legislar con una sola voz ante un hecho como la inmigración que, cuando es legal, se traduce en oportunidades pero no así cuando ésta se produce bajo circunstancias ilegales. O Europa se pone de acuerdo, o todos tendremos graves problemas.

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