Luis María ANSON | Martes 28 de julio de 2020
Hace un mes, el expresidente del Gobierno, José María Aznar, hizo unas declaraciones...
Hace un mes, el expresidente del Gobierno, José María Aznar, hizo unas declaraciones al diario El Confidencial en las que afirmaba: “No se puede escribir la historia de la Transición de España sin el papel del Rey”. Lo que ha dicho el líder popular es exacto. Los que atribuyen el éxito histórico de la Transición a Adolfo Suárez pretenden menoscabar el papel histórico de Don Juan Carlos I. Es el “¿contra quién va el elogio?” de Unamuno. Adolfo Suárez fue solo un peón, un excelente peón, que cumplió con brillantez las instrucciones del Monarca. En aquella época, el gran consejero de Don Juan Carlos fue Torcuato Fernández Miranda, que le convenció de que la Monarquía que debía encarnar era la que su padre Don Juan III defendió durante casi cuarenta años contra la Monarquía pretendida por el dictador Franco. La Monarquía de todos, la Monarquía parlamentaria, fue un hecho, gracias a la lucidez de Juan Carlos I, sagazmente aconsejado por Torcuato Fernández-Miranda.
Borro de la lista de los exministros que tanto deben a la Corona y que callan ante la frenética campaña contra el Rey padre a José María Aznar. Fue el líder popular un excelente presidente del Gobierno y conserva ancha influencia en su partido por su moderación, su prudencia y la coherencia con que defiende las esencias del PP, adulteradas por la lenidad de Mariano Rajoy. Por fortuna para los populares, Pablo Casado está reconduciendo de forma certera al Partido Popular, que ha vuelto a sus cauces fundacionales con la mirada puesta en el futuro. No será fácil desmontar la fórmula frentepopulista iniciada el pasado mes de enero y que ha devastado la España de la concordia y la conciliación que creó el espíritu de la Transición.