Llegar a un acuerdo cuando se reúne el Consejo Europeo no es cosa fácil, exige tiempo y esfuerzo por parte de los estados miembros para dar con soluciones viables, las cuales, como dijo el presidente Charles Michel en su Carta de invitación, redunden al final en beneficio general.
El caso es que al cabo de tres días llegó el acuerdo sobre el paquete de recuperación al que han llamado “next generation” y también con respecto al presupuesto multianual, la clave de lo cual fue algo especial pues se debió, según dijo Michel, a que “hemos demostrado que la magia del proyecto europeo funciona.”
Yendo más adelante en esa declaración con objeto de descifrar tal mecanismo sobrenatural, llegamos a la conclusión que el mismo consiste en los valores de la Unión que iluminan la legislación como los faros a los navegantes para que se orienten en el mar, y que según el artículo 2º del Tratado de la Unión, recordémoslos, son: la dignidad, la libertad, la democracia, la igualdad, el estado de derecho y los derechos humanos.
Ahora bien, el proceso normativo no termina aquí, el acuerdo hay que plasmarlo en papel para que se convierta en reglamentación, de la cual va a depender finalmente la interpretación y la aplicación. Las conclusiones del Consejo no son actos jurídicos y carecen de reglas de redacción, que en la Unión están reservadas y recogidas en un manual solo para la legislación, donde se aconseja que su redacción se haga de tal manera que atraiga el interés del lector.
La presentación de cualquier nueva regulación en la Unión ya va siempre acompañada de un texto añadido explicativo, aunque no sustitutivo, de preguntas y respuestas cortas llamado “Preguntas mas frecuentes”, donde se detalla de una forma, digamos, menos fríamente estructurada, su significación, porque ponerse a leer un texto legal europeo no es como coser y cantar ni se puede hacer de corrido, hay que saltar de unos reglamentos a otros, como en el juego de la oca, y es muy aburrido.
En vista de lo cual, dado que ahora estamos en pleno verano y como encima tenemos que andar todo el día con la mascarilla para arriba y para abajo ¿qué mejor que una historia generacional de Navidad para combatir el calor, mostrar los valores supremos de la Humanidad e inspirar la legislación de la Unión?
El 17 de septiembre de 1897 en el diario The Sun de Nueva York apareció la siguiente información:
“Tenemos el placer de responder así y ahora a la carta que hemos recibido y que reproducimos a continuación:
"Querido Director: Tengo 8 años. Algunos de mis pequeños amigos dicen que Santa Claus no existe. Mi papá dice: 'Si lo lees en The Sun, es que sí´. Por favor, dígame la verdad: ¿existe Santa Claus?
Virginia O’Hanlon”.
Virginia: Tus pequeños amigos se equivocan. Están afectados por el escepticismo de una época escéptica. Sólo creen en lo que ven. Se creen que no puede existir nada que no puedan comprender con sus pequeñas mentes (..)
Y es que todas las mentes, Virginia, ya sean de hombres o de niños, son pequeñas. En este gran Universo nuestro el hombre es un mero insecto, una hormiga, si comparamos su intelecto con el mundo sin limite que le rodea, y con la inteligencia capaz de comprender la totalidad de la verdad y el conocimiento.
Si Virginia, Santa Claus existe (..) ¡A quién se le ocurre! Las cosas más reales en el mundo son aquellas que ni los niños ni los mayores pueden ver. ¿Has visto alguna vez hadas bailando en el parque? Por supuesto que no, pero eso no prueba que no estén allí (..)
Puede uno romper el sonajero de un bebé para ver qué es lo que hace el ruido, pero hay un velo que cubre el mundo invisible que no puede romper ni el hombre más fuerte ni siquiera la fuerza combinada de todos los hombres más fuertes que hayan existido.
¿Qué Santa Claus no existe? ¡Por Dios! existe y existirá siempre. Dentro de mil años, Virginia, no, más, dentro de diez veces diez mil años, Santa Claus seguirá alegrando el corazón de los niños.”