Opinión

Chabolismo

TRIBUNA

Víctor Ochoa | Jueves 06 de agosto de 2020

Ya sea con cartones bajo un paso elevado, en una cañada, descampado, estructura urbana o cualquiera de las axilas de la gran ciudad, tienes derecho a tu chabola. ¿Es anarquía o es la libre disposición para construir de forma precaria pero esencial allí donde necesitas vivir?

Hay unas aves, a las que se denominaba carroñeras, con libertad para matarlas, pues eran aves de mal agüero, crueles con las otras especies y que se alimentaban de cadáveres; hasta el punto de poder exhibirlas muertas y colgadas en lugares bien destacados para escarmiento de la especie. ¿?. Cuando ya se cernía su extinción y no porque el ser humano fuera consciente de la aberración que aquella conducta suponía, sino por la ferviente presión de las gentes de bien, ecologistas, biólogos, etc, que entendían que no somos dios en la tierra para hacer y deshacer a nuestro antojo y arrancar así las fichas que nos interesa, les llegó el perdón y se les concedió la bula de “rapaces protegidas”.

Pues algo parecido diría que les pasa a los chabolistas frente a la Administración, porque además de ser nuestros iguales/ nosotros mismos, atesoran esa ley ancestral de la choza y el hogar. Ellas y ellos fueron los auténticos impulsores del reciclaje, no con el ridículo sentido que hoy le damos, donde de una botella sale otra botella, de un cartonaje sale un brick, de un ladrillo hacemos gravilla, de un neumático asfalto o un seseña en combustión, etc, sino que los chabolistas convierten a las botellas en vidrieras, a los cartones en camas, de los ladrillos hacen cocinas, de las ruedas brotan huertitas y con lonas y chapas levantan paredes y tejados soñando una casa.

Y sin embargo había que estirparlos a no más tardar, no sea que por permitírseles existir o incluso protegerlas, esas aves rapaces se extiendan como hiedra por las elegantes pérgolas de nuestras ciudades, devaluando lo que tocan y haciendo una frontera imposible de sobrellevar. ¡Ah! ,pues, al igual que no podemos adoctrinar a esas aves para no comer lagartijas y restos de conejo, no se puede pretender que la gente con nada se meta voluntariamente o a calzador en el sistema de una pulcra” Urbana”

Quien siente que tiene el derecho a e cobijarse con su familia allí donde encuentre un hueco, tirando de lo que encuentre a su paso, no es un delincuente, ni un apátrida, ni un desestructurado, ni un parásito; Es un ser frágil y precario ser, que no tiene agua corriente, ni electricidad y que cada día ha de buscarse la vida para mantenerse en pie, es si acaso un punto y aparte. Y allí donde su angustia y pobreza, bien lo sabemos, son antesala de la miseria, la abstención educativa, la delincuencia, las drogas y la violencia, es donde nuestro gobierno tiene la obligación de estar e incluirlo en la redacción de sus realidades, no de los trapos sucios desechables.

La Justicia se nos muestra como una figura ciega, no para ser más justa, sino porque parece que prefiere no ver el daño irresponsable que causan sus balanzas sobre las personas que hay a sus pies y tiene encima el descaro de definir al chabolismo como “barrios urbanos informales” en los que ya se aglutinan mil millones de personas. Ay, Ay, Ay, casi la tercera parte de las población mundial urbana se aloja en chabola,s por si no lo sabéis (En Sao Paulo, Brasil, las favelas aglutinaban a 2.162.000 personas y no me equivoco al colocar el puntito de las cantidades).

Apuntes

Los hispanos, que saben de esto, no tienen pudor para definir de forma acertada estos asentamientos con un toque de sarcasmo y las llaman Villas-Miseria, pues para un arquitecto la palabra villa tiene reminiscencias a Palladio. Una de las más importantes y consolidadas es la Villa 31 de Buenos Aires (Argentina), que supera los 50.000 habitantes y brota imparable por debajo de los pasos elevados de la autopista hasta superarla con varios pisos y a escasos 200 metros de las zonas más caras del centro. Sus chabolistas, a partes iguales entre locales y emigrantes, son quienes precisamente dan servicio a la maquinaria urbana, pero todavía hoy no saben cómo negociarla políticamente aunque forme parte de todos los argumentarios de los partidos de uno y otro signo desde hace muchos años.

Yo viví desde mi tablero de estudiante de arquitectura, en los años 70, el diseño y desarrollo de los “poblados dirigidos”, como Caño-Roto (1956.Carabanchel. Madrid), de los arquitectos Ïñiguez de Onzoño y Antonio Vázquez de Castro), dibujando minuciosamente con un rotring 02, ladrilo a ladrillo, aquél híbrido entre chalet rural adosado y cajoncito racionalista de poco presupuesto, que los mismos adjudicatarios levantaban en obra. Se trataba de reubicar y mitigar el chabolismo en nuestro país, pero medio siglo después del bienintencionado experimento con los más desfavorecidos, estamos muy lejos de haber entendido algo y por doquier sus pobladores han mordido aquel diseño original con encalados y colores, con tejadillos de teja y balaustradas, con su personalidad y su carácter. ¡Y ya no digamos por dentro!, en tanto los estudiantes aprendíamos de los maestros a reflejar esos calzadores con todo detalle.

VILLA 31. BUENOS AIRES. ARGENTINA. 2014. Tinta, aguada y cobre sobre papel