Hace ya tres meses, Josep Borrell, máximo representante para la política exterior de la Unión Europea, declaró en el diario El País: “De esta crisis salimos todos los europeos juntos o no sale nadie”.
El persistente aguacero de rebrotes en Alemania, Francia, Inglaterra y destacadamente en España demuestran que las fronteras no existen para la pandemia y que es necesario potenciar la solidaridad europea. Cree Borrell que se ha dado un salto cualitativo pero que resulta imprescindible no bajar la guardia y enfrentarse con la Covid-19 de forma global para superar la crisis sanitaria y debilitar, al menos en parte, las crisis económica, migratoria y de seguridad que zarandean a Europa.
Le preocupa a Borrell que Estados autoritarios, como es el caso de China, dominen con el 5-G el desarrollo digital. “¿Quién va a controlar -se pregunta- la digitalización masiva de la vida?”. Porque una cosa es que las exigencias sanitarias hagan necesario conocer los desplazamientos de cada persona y otra muy distinta que se aproveche la pandemia para en el futuro controlar políticamente a cada ciudadana, a cada ciudadano.
Josep Borrell se ha dado cuenta de la batalla que se está librando para dirimir qué sistema político es el más capacitado para hacer frente a una situación crítica como la que actualmente golpea al mundo entero. El gran político español considera que la ayuda económica europea permitirá a las naciones más afectadas de nuestro Continente salir de la de la situación límite en que se debaten. Cada vez está más claro lo que Ortega y Gasset, primera inteligencia del siglo XX español, afirmó hace ya cien años, refiriéndose a nuestro país en su discurso Sobre la pedagogía social como programa político, pronunciado en El Sitio de Bilbao, el 12 de marzo de 1920: “Regeneración es inseparable de europeización. Regeneración es el deseo, europeización es el medio de satisfacerlo. Verdaderamente se vio claro desde un principio que España es el problema y Europa la solución.