Vicepresidente de la CEOE, presidente de la Confederación Empresarial de Madrid, empresario con cerca de 4.000 empleados en su día, Arturo Fernández llegó a servir 50.000 comidas diarias en Madrid durante un largo periodo de tiempo.
Ha tenido el acierto de hacer unas declaraciones para televisión en las que, en lugar de esconderse y refugiarse en la cobardía del silencio, ha dicho con claridad que Juan Carlos I ha encarnado uno de los grandes reinados de la Historia de España, que ha contribuido de forma ejemplar a la paz, la libertad y la prosperidad de los españoles, a lo largo de cuarenta años, y que, frente a las campañas histéricas que se han desencadenado contra él, cuenta con la admiración y el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo español. Las descalificaciones que vomitan algunos tertulianos en radio y televisión son mezquinas y miserables.
Y Arturo Fernández concluye: “Le queremos en España, Señor”. Aparte del aplauso que se merece la actitud justa y valerosa del gran empresario, habrá que resaltar cómo se va extendiendo en la opinión pública española una reacción cada vez más abierta a favor de que el Rey padre regrese a España. Los que han desencadenado la tórpida campaña para el linchamiento público de Juan Carlos I no calculaban que el pueblo español reaccionase a su favor. Esa reacción se está ya produciendo y la declaración espontánea de un hombre tan serio y prestigioso como Arturo Fernández se suma a la que desde muy diversos ámbitos están haciendo desde personalidades relevantes a gentes del pueblo llano.
En esta sección escrita Al aire libre en El Imparcial, quiero resaltar hoy el acierto y la claridad de un empresario que ha dado trabajo a muchos millares de personas y que pulsa todos los días el sentir de las gentes que a él se acercan.