Opinión

Un país en el que nunca pasa nada

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 26 de agosto de 2020

Como la RAE me autoriza a decirlo de manera literal, les diré que la cosa está de sufrido color marrón. Pero he aquí que la realidad viene al abrigo de lo que este ignominioso gobierno tiene a bien imponernos a la ciudadanía originaria de la antigua normalidad, porque de la recién bautizada nueva normalidad, mejor dejarlo en holocausto existencial.

Hacer recuento de todas las sandeces que venimos padeciendo por culpa de este Gobierno y demás asimilados, sería una letanía interminable; pero lejos de enumerarlas creo que lo más importante es la finalidad que se persigue con ello. Que algo perjudique, angustie o deteriore a la mayor parte de la población hoy en día es algo tan común como tener que comulgar a diario con cientos de ruedas de molino, y es que estamos rodeados de esa nueva casta que adora el lujo y la buena vida. Es lo que se conoce como “Que me quinten lo bailao” Por eso les digo que ahora mismo estamos en el país del nunca pasa nada Y ese es el principio activo de un dogma ideológico para estabularnos como sociedad servil y mansa.

De tal manera que nos usurpan las libertades, los derechos constitucionales, los bienes raíces y lo hacen como premio a nuestra estupidez. Nos distraen la dignidad como una simple muestra de confianza. Deshonran los valores que nos simbolizan y aquí da igual “so” que “arre”. Que sí, que al parecer no somos muy de ciencias y olvidamos las cifras de nuestras víctimas a las primeras de cambio, esas que este Gobierno dijo que eran y que seis meses después nadie cuenta la verdad; pero claro, la trágala está a la orden del día metiéndonos miedo, abduciéndonos mediante soflamas televisivas a la espera de que el César triunfalista, regresado de su exitosa cruzada vacacional, nos venga de nuevo con el camelo de que él solo había derrotado al enemigo invisible.

Mientras tanto todo es normal después de la normalidad, valga el pleonasmo. En pleno repunte de la pandemia y con la economía en caída libre, el presidente y su familia cambiaron Lanzarote por la finca de las Marismillas, en el Parque Nacional de Doñana, y ya se sabe que por allí anidan aves y que los pajaritos te cuentan cosas, a buen seguro que algún cernícalo común conocido como Falco tinnunculus, (no confundir con falcon, aunque ambos coincidan en lo de volar) pues le habrá informado de brotes verdes y que España va bien, sobre todo en vacaciones y con todos los gastos pagados.

Como las tristezas nunca vienen solas, pues estamos a últimos de agosto y es como si aún siguiéramos en marzo porque escuchamos las mismas sandeces, idénticas o parecidas mentiras, que ya sé que es por el bien nuestro, pero que nos ha robado el verano y parece que para el otoño-invierno van a cocer las mismas habas; de manera que alguien tiene que dimitir aunque solo sea por higienizar las vergüenzas que nos corroen. Pero aquí lo de irse y dejar de mamar de la teta Estado es tan improbable como que mi perro aprenda suajili.

España está secuestrada, en bancarrota, no solo en lo económico, sino en lo existencial, con libertades cercenadas que van en contra de la felicidad del individuo y lo que es peor, la pérdida de la estima para encontrarnos convencidos de que la primera tanda de la Covid-19 fue nefasta en su gestión y nada hemos aprendido de aquello. Como verán, más de lo mismo; o sea, ni salimos más fuertes, ni mejores personas, ni preparados para otros envites que nos acechan; eso sí, más entregados a la ignominia y más sumisos si cabe.

Mientras tanto, los okupas se forran a costa de la impunidad manifiesta y aquí no pasa nada. Mientras tanto miles de inmigrantes llegan a nuestras costas haciéndolo de aquella manera sanitaria y aquí no pasa nada. Mientras tanto este gobierno no tiene programa solvente salvo vivir del cuento en un país sobrecogido por la que está cayendo en tanto que la mayoría de los 22 ministros del Ejecutivo se han dado un ágape vacacional a costa del contribuyente, y aquí no pasa nada. Mientras tanto este gobierno hace hucha para recolectar votos allá donde se muevan subvenciones, rentas vitales u otras gabelas en favor de los estómagos agradecidos, y aquí no pasa nada. Mientras tanto y a pocos días de comenzar el nuevo curso escolar no hay una apuesta que garantice la seguridad sanitaria de nuestros hijos, y aquí no pasa nada. Mientras tanto, don Pedro no aclara si habrá otro confinamiento y descarga su responsabilidad sobre las Comunidades Autónomas el declarar o no el estado de alarma, y aquí no pasa nada. Mientras tanto, Sánchez aprovecha la Covid para hablar del apareamiento de la morsa que habita en los mares árticos, y aquí no pasa nada.

Y para colmo de males Leo Messi anuncia que se va del Barça. A este gobierno se le van los mejores en eso de distraer al personal. De seguir así mucho me temo que volverán los antiguos coros y danzas de la sección femenina o aquella demostración sindical de la llamada antigua normalidad, espectáculos ambos tan útiles para el divertimento de masas. Entre dictaduras anda la cosa.