Opinión

Al cole en bicicleta

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 02 de septiembre de 2020

La señora Celaá, ministra de escuelas y otras educaciones varias, ha propuesto a los padres que lleven a sus hijos al colegio en bicicleta para evitar el Covid o la Covid. Por cierto, que mucho hablar en masculino y femenino del virus pero lo mismo es un asexuado de tomo y lomo. La realidad es que a las puertas del nuevo curso me da la impresión de que los deberes no han sido hechos con las garantías que exige un escenario tan importante como es la educación con el regreso de los niños a las aulas y que éstos tengan las medidas esenciales de seguridad sanitaria.

Comenzando por la propia ministra Celaá y cuantos consejeros de Educación de las Comunidades Autónomas respectivas, lo cierto es que entre todos la mataron y ella sola se murió. Ya sabemos que la marca blanca del hacer de este gobierno es la improvisación y el pío, pío que yo no he sido. La insolvencia que emana de unas políticas arbitrarias es lo que trae consigo. Se fuerzan las doctrinas haciendo oídos sordos a quienes versionan mayor pluralidad de ideas no queriendo ver más allá del propio ombligo gubernativo, por eso a casi nadie se escapa que la señora ministra se haya premiado con unas vacaciones agosteñas mientras las Comunidades encallaban en la búsqueda de soluciones a ritmo de vértigo sin resultados tranquilizadores. De manera que a tirar la moneda al aire esperando que salga cara por el bien de todos. El resto quedará en manos de la Divina Providencia con su influjo universal para que nos socorra y proteja. Ya ven ustedes que la vuelta al colegio es una simple cuestión de cara o cruz.

En un programa de la Sexta a preguntas de la periodista a la señora Celaá sobre si tenía su ministerio algo pensado para la asignatura de educación física, nuestra flamante ministra afirmó que no se iba a renunciar a nada y como todo en esta pandemia es cuestión de adaptarse, pues anunció que en este curso las actividades deportivas se harían sin público. Olé por la señora ministra. Es como si de toda la vida tuviéramos costumbre de ir a ver a los niños realizar la clase de educación física desde el estadio olímpico más próximo.

Y en este orden de ocurrencias educativas recuerden cuando la mencionada ministra soltó aquello de que los hijos no pertenecen a sus padres de ninguna manera. Y uno se queda intranquilo con tanta letra pequeña. Si los hijos no son de sus padres ¿Acaso es que todos venimos de un huevo de grulla zancuda? A pesar de todo si los hijos, por cuestión de pertenencia estatal dan de lado a sus padres para ir al colegio en lo alto de una bicicleta, ya me dirá la señora ministra qué hacer con los abuelos, que como es sabido somos el recambio natural. Me consta que la señora Celaá conoce que los abuelos estamos en riesgo de extinción más que otra cosa por el decir de su colega en tareas de gobierno señor Iglesias: “Creo que hay gente mayor que tiene que tomar ejemplo de Ratzinger y coger el helicóptero e irse a Castengandolfo, a la mierda o a donde quieran”.

Y claro, con estos mimbres que alguien me explique cuál va a ser nuestra función para con los nietos a la hora de cumplir con las expectativas familiares. Lo de dar pedales por la mañana temprano se antoja tarea complicada, más que nada porque a estas edades la masa corporal está saliente de oficios, y aunque uno se niegue a ser mayor lo que conviene es no hacer el ridículo de pretender ser joven a nuestra edad. En todo caso sentirse joven, pero con años. Ahora bien, poner a los nietos en lo alto de una bicicleta y dar pedales como si lo de ir al colegio a diario fuera tan idílico como cruzar a nado el Cabo de Hornos, me parece que este gobierno ha sentado un peligroso precedente para cuando las urnas llamen a vísperas de cambio. Ni la escolaridad de la enseñanza ha podido caer tan bajo ni el dar pedales pueda evitar que un virus nos adelante en la cronoescalada de las medidas tomadas por doña Isabel Celaá.

Que hay que escolarizarse asistiendo al colegio, faltaría más; ahora bien, acusar a los padres de absentismo cuando no hay plena seguridad por los riesgos que se corren, me parece una licencia excesiva por parte de quien a buen seguro lleva a sus hijos en coche oficial climatizado, asegurado de ozono y con el mínimo esfuerzo, mientras la integridad de los demás es un problema de dar pedales aunque caigan chuzos de punta.

Me consta que otros países también pasan por los temores de la concentración estudiantil, no es para menos, tampoco gozan de una fiabilidad que atempere las lógicas prevenciones de la ciudadanía. No obstante, por ahí se acostumbra a trabajar con mayor orden y el concierto político ofrece mejor solvencia a la hora de pronunciarse sobre los riesgos y las medidas a adoptar. Aquí, y volviendo a la hemeroteca, la señora Celaá supeditaba la asistencia a los centros en función de que hubiera un remedio contra el coronavirus: “Si no hay vacuna, los colegios tendrán la mitad del alumnado en las aulas” Pero ya vemos que la imagen fiel de este Gobierno es siempre la misma.

A todo esto llega don Fernando Simón a las puertas del comienzo del curso y nos dice que la incidencia del coronavirus entre los niños ahora es más alta. Pues en esas estamos. A pedal y media manta y que Dios reparta suerte que si sale con barbas, San Antón y si no, la Purísima Concepción.