Andrea Donofrio | Domingo 24 de agosto de 2008
En las últimas semanas, el Gobierno italiano declaró el estado de emergencia de las ruinas de Pompeya, certificando el deterioro de uno de los tesoros culturales más importantes del mundo. La admisión gubernamental de la deplorable condición del sitio declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco representa el enésimo golpe al ya decreciente turismo de la zona Campana: después de la emergencia de la basura, la imagen de Nápoles y de sus zonas limítrofes se ha deteriorado mucho y la industria turística ha sufrido graves consecuencias debido a eso. Sin embargo, Pompeya sigue contando con 2,5 millones de turistas cada año aunque el número va decreciendo por el permanente estado de desidia y degrado en que se encuentra el lugar desde hace tiempo.
La falta de mantenimiento y décadas de dejadez están provocado que sus frescos se estén borrando, que los trabajos de restauración, iniciados en 1978, aún estén pendientes, mientras muchas zonas siguen cerradas al público u obstruidas por vallas. De hecho, las labores de restauración aún no se han terminado y muchas de las 1500 casas del enclave siguen cerradas, deshaciéndose y cayendo a pedazos. Al mismo tiempo, todos los años desaparecen unos 150 metros cuadrados de frescos por la falta de mantenimiento. Desde hace años, arqueólogos, historiadores del arte y turistas en general se quejan por el lamentable estado en que se encuentran los tesoros de Pompeya: una mezcla de rabia, preocupación y dificultad por entender por qué se está dejando desperdiciar tal maravilla. La falta de inversión, el vandalismo y los graffitis están deteriorando el recinto: además, parte de su superficie se utiliza como un vertedero ilegal y se encuentra lleno de neumáticos, bolsas de basuras, viejos electrodomésticos y colchones.
Después de que el Vesuvio lanzó sus lenguas de fuego, lava y polvo sobre Pompeya, un nuevo peligro se cierna sobre la antigua ciudad romana: en la actualidad, la amenaza a uno de los yacimientos arqueológicos más atractivos de Europa proviene de la desidia y el deterioro. Pompeya, la ciudad romana sepultada por una erupción del Vesuvio en el año 79 después de Cristo, se encuentra en malas condiciones: décadas de abandono institucional y dejadez están dañando de forma irreparable a uno de los emblemas de la cultura italiana. Italia y su Gobierno demuestran una vez más su incapacidad para proteger y valorar su patrimonio cultural: los visitantes de Pompeya sienten una mezcla de conmoción por las malas condiciones del sitio y de fascinación por su belleza y su historia. Sin embargo, además de por razones rigurosamente culturales, el interés gubernamental por esta zona debería estar determinado también por razones puramente económicas: Pompeya debería representar una fuente de riqueza, un recurso que podría ser utilizado para generar los ingresos necesarios para garantizar su misma conservación. A propósito de Pompeya, en 1987 Goethe escribió que “muchas desventuras han acaecido en el mundo, pero pocas han procurado tanta ventura para la posteridad”. Con esta afirmación el escritor alemán se refería no sólo al tesoro artístico de la ciudad, sus mosaicos, pinturas o muebles de bronce, sino al hecho de haberse guardado, intacta, una ciudad romana detenida en su pálpito cotidiano: ya, de verdad es una pena desperdiciar tal preciosidad.
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