Comencemos por leer el texto del II informe presidencial de Don Andrés Manuel López Obrador, nuestro Señor Presidente y luego visitemos el diccionario.
“…He mantenido y seguiré manteniendo una relación institucional con las autoridades emanadas de otros partidos. Las y los gobernadores, y presidentes municipales de cualquier signo político encuentran en el Ejecutivo federal respeto y trato equitativo.
“Hemos cumplido nuestra promesa de impulsar la verdadera independencia de las instituciones de justicia. La Fiscalía General de la República y el Poder Judicial de la Federación actúan con absoluta autonomía y se acabó aquello de que todo lo ordenaba el presidente porque el Ejecutivo era el poder de los poderes.
“Miren cómo han cambiado las cosas. Invité al fiscal general de la República y al presidente de la Suprema Corte de Justicia y no pudieron asistir. En otros tiempos eso no pasaba, porque ellos tienen la arrogancia de sentirse libres. Este es el cambio, esta es la transformación…”
Ahora el tumba burros:
Arrogar.
Del lat. arrogãre.
Arrogancia.
Del Lat- arrogantia
Arrogante.
De arrogar y -nte; lat. arrõgans, -antis.
He marcado con negritas la frase presidencial sobre la arrogancia y la libertad, porque son dos condiciones de imposible combinación. La libertad es el principal de los Derechos Humanos, después de la vida misma.
Nadie puede considerar su ejercicio como una arrogancia en el sentido literal de “apropiarse indebida o exageradamente de cosas inmateriales, como facultades, derechos u honores”... como dice el lexicón.
Pero este caso tiene un antecedente. En horas previas a la emisión del mensaje (no del informe, pues ese viajó ayer en cajas de cartón de Bucareli a San Lázaro), el Señor Presidente deslizó información sobre el mínimo quórum generado por la pandemia.
“…se está invitando al fiscal, se invita al presidente de la Suprema Corte de Justicia y el gabinete, nada más…”dijo, como quien prepara el terreno.
Y en la lectura del documento, las ausencias, pactadas o no, de Arturo Zaldívar, presidente de la Suprema Corte de Justicia y Alejandro Gertz, Fiscal General de la República, fueron el anillo en el dedo de la oratoria transformadora: tan distintas son hoy las cosas (como si distinto fuera sinónimo de excelente), como para celebrar la arrogante conducta de quien son libres de rechazar una invitación para algo importante.
“…no pudieron asistir”;dijo el primer servidor del pueblo.
Sin ahondar más en el caso (ya los interesados buscarán la forma de ofrecer explicaciones suficientes para no quedar mal ni hacer quedar mal a nadie), ese detalle, como decimos los reporteros, “fue la nota”.
Lo demás no conoció siquiera la sombra de la novedad o el interés. Asuntos municipales, como colecciones en el Fondo de Cultura Económica (eso ha hecho siempre el fondo, ¿cuál es la hazaña?); bailes de carnaval con las estadísticas, cifras por aquí y por allá y a fin de cuentas nada para escribir a casa, como decían los cronistas taurinos de antaño tras una tarde aburrida.
Sin la calificación de los hombres ya mencionados y cuyos nombres no se necesita repetir, no habría habido nada novedoso siquiera. Ya no digamos trascendente.
A partir de hoy, por definición presidencial, Gertz y Zaldívar son “altaneros, soberbios, valientes, alentados, briosos, gallardos, airosos” y todos esos adjetivos de elogio viril y varonil con los cuales los define la Real Academia Española de la Lengua de cuyo lexicón he sacado las definiciones arriba expuestas, no por devoción a la vetusta y monárquica institución, sino porque no tengo otro diccionario a la mano.
Así pues, el Señor Presidente se dirigió a los dos Méxicos.
El real, cuyo retrato no cabe en la circunstancia de su palabrería infatigable, y el imaginario, nutrido de realidades inexistentes, promesas incumplibles y un trazo de oro en cuya amplitud caben la felicidad, el progreso, la bonanza, el destierro de la corrupción, la doma de la pandemia y la felicidad de los muchos pobres y los pocos ricos.
Todos en la asamblea de la descripción feliz, donde no hay quiebra económica ni enfermedad mortal, donde todo apunta hacia el cielo como la flecha del arquero empeñado en llegar a la Luna.
Pero eso no tiene nada de original. Todos son iguales, los de antes y los de ahora. Los informes históricamente han sido el autoelogio, la promesa jamás lograda, la descripción de un México inexistente a lo largo de la historia.
“ (1911)… en esta ocasión, como en tantas otras, (el pueblo) sabrá sacar avante a la República de las dificultades que la rodean y mantenerla en la alta situación de prosperidad y cultura que le ha conquistado la estima y el respeto de las demás naciones”. Porfirio Díaz.
Lázaro Cárdenas, para no ser menos, decía:
“…señalar los escollos que haya por remover para lograr la más amplia y definitiva conquista de nuestra clase en todos los problemas que le afectan, desde los de la educación, de perfeccionamiento, de unión y de prosperidad…”
Conquistas cardenistas, prosperidad porfirista. Bla, bla, bla.
Pero vamos a tiempos más cercanos:
“.. La verdadera dimensión de lo alcanzado está aún en la entraña del tiempo. Será fecunda si, como estoy cierto, con la Revolución Mexicana y con la Constitución de 1917 proseguimos, todos, ¡Arriba y Adelante…!”dijo Luis Echeverría.
“José López Portillo se despachó de este modo:
“…Ya pasó lo peor.
“No desandemos camino; afiancemos lo que hemos logrado.
“No lo tiremos, para volver a empezar...”
“Decía Miguel de la Madrid:
“…El país se fortalece con la renovación: la perspectiva de México es positiva. El enorme esfuerzo realiza por el gran pueblo de México, que con orgullo he conducido, nos está sacando adelante…”
Carlos Salinas se dirigió así al país:
:“Como Presidente de la República, seguiré? gobernando para todos mis compatriotas, sin distingos y sin excepciones, pero trabajaré más para los que menos tienen…” Primero los pobres, pues.
Ernesto Zedillo se fue de largo:
“…Ese México de progreso, más democrático, más justo, exige la suma de nuestras voluntades y el vigor de nuestro afán. Hagamos nuestra tarea para cumplirle a nuestros hijos…”
Y Fox:
“…Aportemos sin regateos. Sumemos de buena fe.
“¡Yo haré mi parte, y la haré bien!
“¡Vamos juntos por México!”
Felipe Calderón incurrió en esto:
“…Es posible transformar a México porque su gente esta inconforme con su situación… porque tiene en sus raíces y en su historia una sólida identidad… si es posible transformar a México…”
Para Peña Nieto el panorama era luminoso:
“…De continuar esta tendencia México podrá erradicar la pobreza extrema antes de concluir la siguiente década…”
Y el presidente de la “4-T” no ha sido menos optimista. Al menos no lo fue en su primer informe formal, porque suele informar cada tres meses, por lo menos, además de repetirlo en sus comparecencias de cada mañana, todos los días.
Quizás hayamos tenido 200 informes, pero el del martes fue mañana será de obligatoria constitucionalidad.
Quizá la novedad fue la circunstancia.
Nunca se había entregado al Congreso un documento elaborado con la mitad del país enclaustrada por una epidemia, ni se había enviado un mensaje nacional en circunstancias de generalizado contagio viral.
Pero eso –como anillo al dedo--, fue utilizado para exhibir los grandes logros en materia de salud. Sin embargo más de 60 mil personas ya no pudieron conocer esos avances. Están muertas.