Opinión

El orgullo de ser toro

Pedro J. Cáceres | Domingo 24 de agosto de 2008
Y no es que el toro de lidia pase por su mejor momento, cierto es que los toreros tampoco (respecto del trienio –espléndido- de 2005 al 07). La Semana Grande de Bilbao, que concluyó ayer, como una de las tres grandes citas anuales, así lo atestigua: a penas Enrique Ponce (el único en abrir la Puerta Grande –en Bilbao más grande, lógico por tratarse de Bilbao-) cuajando toro y medio de cuatro y una corrida de Fuente Ymbro –con muy mala suerte en el sorteo, no el de las doce de la mañana del día de autos, si no cuando se confeccionaron los carteles- y algunos ejemplares sueltos de Torrestrella, Jandilla, Ventorrillo, Cuvillo y Victorino que tuvieron la osadía de “arrimarse” en exceso a los toreros que –generalmente- les cupieron en desgracia .

”El mundo del revés”; es la lógica en una tauromaquia sustentada en un cúmulo de contrafueros y sinrazones sólo inteligibles desde la asimilación voluntarista que “esto es un planeta a parte”. Por ejemplo, del que pretenden, y lo consiguen, lucrarse, en la más perversa de las corrupciones –la vanidad- los políticos. Ahora les ha tocado el turno a los de Castilla-León.

Con el desahogo consustancial a la condición política de aparentar consenso para acometer con hechos consumados, de forma totalitaria, aprovechando la golfa coyuntura del ocio vacacional del común de los ciudadanos y la trashumancia sin solución de continuidad en estas fechas de la clase taurina por ser estas calendas las más fibrosas y musculadas de la temporada, anuncian la puesta en vigor de un reglamento taurino autonómico.

De lo que han querido filtrar, con indisimulado objetivo manipulador, se desprende el “más de lo mismo” con alguna babosa novedad para intentar descontaminarlo de cualquier remedo y aparentar seña identitaria con el oscuro objeto de deseo de conservar el buque insignia de las prebendas constituidos en autoridad legislativa y ejecutiva: un sitial en el callejón; “okupas” con mando en plaza en propiedades privadas como son los más importantes cosos de la región: Salamanca y Valladolid (además de León, Segovia, etc.) .

Allanamiento de morada que éste reglamento pretende explotar -“entrando hasta la cocina”- en labores camperas que corresponden a la íntima alquimia de los ganaderos, sin descartar un próximo paso para que, siendo zona productora, les hagan a los bovinos un control de calidad autonómica y si lo pasan sea el futuro Instituto Regulador de la Denominación de Origen el que de plácet para su lidia previo marchamo identificador en forma de otro hierro más en lo que quede libre del costillar del animal.

El toro como orgullo de ser. Lo que no se consigue, a falta de lengua propia y más de un complejo del pasado, en infraestructuras, educación, sanidad –menos hacerse respetar en la “babel” de la financiación autonómica-, el toro lo propicia. Mi hoja de ruta de los últimos días me ha llevado de Gijón a Bilbao, y con un ojo puesto en Málaga.

No he encontrado diferencia alguna propiciada por el reglamento común de los asturianos y los “catetos” localistas de Euskadi y Andalucía. Simplemente las características ancestrales que definen y diferencian unas plazas de otras. Y por encima de todo seis toros y tres toreros en mayor o menor grado, de fuerza y casta y de inspiración.

No es necesario rellenar negro sobre blanco un mamotreto para argumentar que en Bilbao haya que cortar dos orejas en un toro para salir por la Puerta Grande o Puerta del Lehendakari como en Sevilla es la del Príncipe o en Nimes la de los cónsules. Sí se empeñan los “gudaris” vascos en dejar muy claro que San Sebastián es de primera, gracias al toro, durante una semana, mientras no echan cuentas que La Real es de segunda durante 365 días, y los que te rondaré...

En Málaga el Reglamento Andaluz no ha evitado los descalzaperros ganaderos como ocurrió en la pasada Feria de Abril y sí, proclamada de primera, lo que antes era una PG angosta en fase de intransigencia se ha tornado amplio coladero. Quizá, por agravio y quejas consiguientes, el próximo paso de la Junta sea hacer a Sevilla plaza de categoría “galaxia” y la de Córdoba “especie protegida” por peligro de extinción.

El Reglamento autonómico –no confundir con autóctono- no tuvo incidencia para que ante el fracaso de la corrida del siglo de El Puerto la gente mitigara su frustración con la espontaneidad de un cantaor; lo mismo que en el sarao de Estepona, en la efemérides de Rivera y la añoranza de Peralta al micrófono de Tele 5, el carácter de corrida flamenca, por encima de festejo de ¿toros?, no lo regulara tal normativa.

Escribo desde Cuenca. Los políticos manchegos, como navarros, extremeños y aragoneses, tienen hace tiempo, también, su “juguete”, y éste no ha evitado el “crimen de Cuenca”- versión siglo XXI- apretando nalgas y cachas en los burladeros en el duelo del año, que fue con grifos simulando pistolas, como las atracos de los delincuentes advenedizos o de ocasión.

El orgullo de ser toro para un político puede llegar a lo sublime e institucionalizar con tintes conmemorativos la puesta en vigor de los diferentes reglamentos con “el día del orgullo toro”.

A buen seguro les disgustaría que les vieran desmochado -¡velan¡, dicen, por la pureza de la Fiesta y la integridad del toro- sin su consentimiento, por el “¡que dirán!” sus, y a sus, familias.
Su ilusión es desfilar en puntas. ¡Al tiempo!

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