Opinión

Casa II. Ham.let en busca de su espora

TRIBUNA

Víctor Ochoa | Jueves 10 de septiembre de 2020

Los publicistas, que bien lo saben, no dudan en mostrar descaradamente cómo sería nuestra fantástica casa si tuviéramos la fortuna, jugando a la Lotería, de que nos tocara. Pero no se trata de eso, sino de dar una opción a las inquietudes de las gentes que huyen de forma inexorable y desde todos los ámbitos hacia el centro de la gran ciudad, al considerar que lo suburbano, lo rural o el campo, asfixiarían cualquier posibilidad de salir adelante y creen tener claro que, o bien huyen hacia el epicentro del estrés, o bien renuncian a nuestro imperante sistema de produce-consume -produce , que nos tiene más que pringados , para buscarse las lentejas en aquél viejo horizonte absolutamente quijotesco y desamparado por los mismos que dicen empujarnos hacia el progreso, al tiempo que defuncionan las escuelitas, farmacias, estancos y hasta las tascas de las poblaciones asilvestradas.

Que para no comprometer esta dualidad he inventado al ham.let, al voluntarioso colonizador del corazón urbano que, con un poder adquisitivo, unos anhelos, unas necesidades y posibilidades en dientes de sierra, podría encasillarse entre el “ser o no ser” de Shakespeare y el aroma de un “homeless” empeñado en tener casa. Aunque tampoco me disgusta la composición de los dos vocablos en inglés de esa palabra, para traducirlo como: Ajamonado o con mucha tolerancia a convertirse en jamón ibérico, producto natural de nuestra tierra, tan exquisitamente elaborado, cuya calidad no mengua con el vacío y el envasado y capaz de cruzar cualquier puesto fronterizo policial con la única bandera de la determinación que reza “nada que declarar” hermano.

Pretendo de esta manera dar identidad a quienes aceptan y buscan unas condiciones de hogar para su casa en espacios muy muy reducidos, pero que en ningún caso asumen el apelativo de infravivienda, porque mantienen un criterio abierto y firme de su existencia y la de los familiares y allegados que compartan su techo. Ellos/as hacen hoguera de “vales lo que tus metros cuadrados”

¿Cuándo te conviertes en ham.let?

Más que recetas para definirlos, dejemos el buffet abierto y veamos lo que se sirven en ese plato, pues como aquellos niños que encontré en el recodo de una escalera con sus tablets, los ham.let ponen en preferente lo que de verdad les interesa, pues el precio y la disponibilidad van en sentido exponencial y contrario, a medida que escudriñan y se internan en este bosque urbano. Saben condicionado, si o sí, que el tamaño mínimo ha de ser compensado con otras cualidades en grado máximo. Si recurriéramos al cine de ficción o a la literatura, encontraríamos plasmados numerosos ejemplos y al igual que los griegos, con sencillísimos hogares, se volcaban en el Ágora y el esplendor de la Acrópolis para ser activos y vistosos ciudadanos, ham.let sabe que lo que no hay en casa se puede disfrutar y exigir del organismo urbano del que formamos cuerpo como contributivos ciudadanos.

- Quiero conectividad total en mi casa, en el edificio y en la calle, y quiero estar en el centro para poder ir a cualquier parte en metro, autobús, taxi, patinete, bici o andando. Y si me diera la gana, absoluta independencia e intimidad de todo lo anterior para quedarme encerrado en casa y aislado del resto del mundo.

Todo esto parece acontecer aún antes de abrir la puerta, porque ya dentro exigirá una climatización y servicios envidiables, como en un yate, ya que a fin de cuentas su vida será navegar un tiempo y con soltura entre los escollos del caos urbano y encontrar cada día de vuelta la calma y la paz en su pequeña casa.

Pero no dice nada del tamaño, de la distribución, de qué le parece el diseño y lo que coño han decorado.

  • Vale,vale, empecemos con las exigencias inmobiliarias., dice. ¿Seré capaz de reconocer mi casa desde la calle?, ¿ se ve la calle desde arriba por esa enorme ventana y le entra un haz de sol hasta a mi planta?, ¿alcanzaré a descubrir la luna a media noche, el horizonte de rayos en plena tormenta o por el contrario cerrarla completamente para no asustarme o quedarme a oscuras para la siesta?, ¿ le queda algún rincón vacío, que aunque no sé para qué ha de servirme, seguro que me hará falta?.¿cuánto va a costarme; cuánto la Comunidad;..?

Todo así y ya me he perdido. A mí me habían dicho donde iban los interruptores, la lavadora y los cubiertos, pero de eso éste ham.let ni habla y a ver quién es capaz con este cuestionario de calcular los metros cuadrados. Espabila político, arquitecto promotor y demás responsables, para hacer planes para esta marea humana porque a los/as chabolistas y okupas ya los he mencionado y no son lo mismo ni de cerca salvo que les obliguen a mutarse.

VICTOR OCHOA