Opinión

Exculpación del terrorismo

TRIBUNA

José María Méndez | Domingo 13 de septiembre de 2020

El reciente y brillante artículo La derrota del vencedor, de Jorge Casesmeiro (El Impacial 07/09/20), me ha sugerido estas reflexiones sobre el conocimiento ético, más bien de carácter metodológico..

Está de actualidad la polémica suscitada por la serie televisiva PATRIA y la novela en que se inspira. Como es sabido, en el cartel de la serie se equiparan los posibles excesos en la represión policial con el terrorismo puro y duro.

Algún cínico dijo que la paz no era sino la guerra continuada con armas no mortíferas. Se entiende que esas armas son la mentira, las medias verdades, el engaño y en definitiva la manipulación del lenguaje. Es justamente lo que hace el nacionalismo vasco ahora para exculpar el terrorismo. O el blanqueamiento aberzale, como se dice.

Se trata de substituir la lógica y la racionalidad por la sucia propaganda ideológica. Los mass media, y en especial la televisión, hacen factible hoy día que el ciudadano medio y sencillo no piense por sí mismo, sino que se deje convencer por lo que tan machaconamente se le enseña. La consecuencia es que nada menos que el supremo valor de la verdad está prácticamente en manos de los poderosos que dominan los mass- media.

Quizá la mayor paradoja de nuestro avanzado mundo actual consista en que, al tiempo que se ha descubierto el cálculo lógico gracias al cual hemos entrado en la era de la informática y la digitalización, la gente sea incapaz de formar su propio criterio. Justo cuando tiene a su alcance todos los medios para ello. Cuanto más facilidades objetivas hay para buscar y encontrar la verdad, tanto más triunfan el engaño y las falacias.

Hecha esta introducción, veamos cómo el nacionalismo vasco quiere, mediante mensajes parecidos al de la serie PATRIA, exculpar su nefando pasado terrorista y al mismo tiempo descalificar la legítima defensa de la sociedad.

El nacionalismo vasco fracasó al utilizar el terrorismo duro. Los tiros por la espalda, las bombas lapa, o las mochilas cargadas de explosivos consiguieron 800 muertos, y multitud de otros daños. Pero no doblegaron el estado de derecho en España. Por eso recurre ahora al terrorismo blando, en que las armas mortíferas son substituidas por la mentira, las verdades a medias, la tergiversación de las opiniones contrarias, los saltos lógicos, o tretas gramaticales parecidas.

De hecho esto es lo que se viene haciendo el nacionalismo vasco desde que se renunció al asesinato indiscriminado de inocentes. A efectos de exculpar el terrorismo, ETA, Bildu y PNV son lo mismo.

Antes, cuando había esperanza de forzar la independencia del País Vasco, el terrorismo duro estaba justificado y era bueno. Ahora abandonan el terrorismo duro, o incluso lo declaran malo, porque no se consiguió el fin propuesto. En cambio, el terrorismo blando es bueno, porque parece ser eficaz. De hecho, se consiguen éxitos como el de PATRIA.

Obsérvese que siempre se razona según el más grosero utilitarismo. El éxito hace buenos los medios empleados. El fracaso los hace malos. Antes, el terrorismo duro era bueno, aunque luego se ha hecho malo. Ahora el bueno es el terrorismo blando. El criterio utilitarista para calificar algo como bueno o malo consiste en saber si se consiguió no lo que se pretendía. O si hay o no posibilidades efectivas de conseguirlo.

Pongamos al descubierto el sutil y falaz engaño empleado por los actuales terroristas blandos de PATRIA y compañía. Es muy fácil convencer al ciudadano ingenuo, mediante el falso razonamiento utilitarista, de que ahora el nacionalismo vasco es demócrata y ha renunciado a los crímenes de ETA.

Probablemente esta persona sabía ya que todo terrorismo es malo, gracias el método correcto en ética. Percibía en su conciencia moral el deber-no-ser de todo terrorismo. Pero en la estrategia nacionalista es fundamental insistir en la falacia utilitarista. El terrorismo de ETA ha sido abandonado, no porque fuera intrínsecamente perverso, sino porque no dio resultado. Y el terrorismo blando actual es bueno, porque parece tener éxito. Incluso el criterio utilitarista deja abierta la puerta para que el terrorismo duro de antes vuelva a ser bueno, si un nuevo tipo de violencia fuese en el futuro más eficaz que el de ETA.

Así pues, la campaña para exculpar el terrorismo tiene que resolver el siguiente problema. ¿Cómo hacer creer a la gente sencilla que la represión policial es equivalente en maldad al abandonado terrorismo de ETA?

La solución consiste en la falacia algunostodos, disfrazada de un modo u otra para ocultar su patente falsedad. La manera de exculpar el terrorismo duro de antes, y de disimular el terrorismo blando de ahora, consiste en sostener que los excesos policiales son en el fondo tan perversos e inmorales como el mismo terrorismo duro de antes. Eso es lo que trasmite el famoso cartel de PATRIA.

La falacia algunostodos se emplea con éxito en la ciencia, porque la uniformidad de la naturaleza causal compensa la deficiencia lógica de esta implicación. Es lo que se conoce como inducción científica. Si los trozos de fósforo a, b, c, d arden a los 70º, entonces el fósforo en general arde a los 70º.

Pero en ética la inducción no funciona de ningún modo. Por ejemplo, los políticos razonan así: si todos roban, por qué yo no. Y ya vemos los continuos desastres que la prensa diaria nos trasmite al respecto. O como dijo Kant, aunque todo el mundo asesinase, no por eso el asesinato se convertirá en una acción noble y digna por sí misma.

El conocimiento axiológico no se basa en la inducción, sino en la intuición directa por la conciencia moral de lo que debe sí ser (valor) o debe no ser (antivalor). (Cfr., mi artículo “Definición del valor”. El IMPARCIAL 05/02/20

En resumen, el nacionalismo vasco usa dos engaños. Primero hacer creer que las cosas son buenas o malas según el falso criterio utilitarista. Segundo, la represión policial es mala en sí misma, porque así se deduce a partir de los constatados abusos policiales a, b, c, d.

El resultado de ambos engaños es que, en fin de cuentas, el terrorismo duro de antes y represión policial de ahora están ya en el mismo saco. Las dos cosas están al mismo nivel moral. Se ha conseguido lo que el terrorismo blando persigue. Igualar a los terroristas con sus víctimas. O por lo menos, despojar a las víctimas de su superioridad moral y a la vez despojar a los terroristas de ETA de la condena social. A un terrorista que muere por la causa nacionalista hay que honrarlo lo mismo que hacen los españolistas con las víctimas de los atentados de ETA.

El resultado final de equiparar al terrorista de ETA con su víctima, a Caín con Abel, es una mentira tan burda que los nacionalismos sólo la han defendido cuando pensaban que podían doblegar al estado de derecho con sus atentados indiscriminados. Ahora recurren al terrorismo blando. Propagar el infundio de que cuando la sociedad se defiende instituyendo jueces, tribunales, policías y cárceles, se coloca al mismo nivel moral que el terror de ETA.

Sin duda, todo lo anterior resulta muy alambicado y podría exponerse, de manera mucho más fácil de entender para el lector, invocando desde el comienzo la legítima defensa. Los nacionalistas nos quieren convencer de que, si alguien es atacado por la espalda, pero se defiende y consigue matar a su agresor antes de ser muerto por él, es en realidad un pérfido asesino. Y el agresor a traición y con ventaja, si es abatido a tiempo, resulta ser una víctima inocente.

Pero cualquiera, que no tenga atrofiada la conciencia por la propaganda nacionalista, estima que la conducta del primero es valiente y admirable, mientras que el segundo es el verdadero asesino, en este caso frustrado, y en cuya muerte no hay gloria alguna.

Sin embargo, he preferido hablar de la metodología propia del conocimiento moral para enfatizar la enorme importancia de estudiar un poco de lógica, si queremos descubrir la verdad. La lógica es el mejor remedio para superar la paradoja mencionada al principio de este artículo.

Muchos se sorprenden hoy día de que haya tanta gente que vota a Trump. No se dan cuenta de que el ciudadano medio americano nunca tragará con la falsedad de que la defensa ciudadana y el terrorismo estén al mismo nivel moral.

No me gusta Trump. Me desagrada el gesto agrio y desabrido de su cara. Me indigna que no condene los casos concretos de excesos policiales. Pero en la tesis de fondo que aquí nos ocupa, o sea, que la legítima defensa de la sociedad es tan legítima como la de la persona singular, da en el clavo. El votante medio americano no reconoce el derecho al terrorismo, ni duro ni blando. En cambio reconoce el derecho a la legítima defensa de la sociedad. Por eso votan a Trump.

Concluyamos. La exculpación del terrorismo no es otra cosa que el pestilente pus pseudológico que destilan los enloquecidos cerebros de nuestros nacionalistas vascos y catalanes, y las no menos errabundas mentes de los tontos útiles de la izquierda. El Presidente Sánchez acaba de lamentar profundamente el suicidio de un terrorista de ETA. Da a entender que lamenta también, la muerte de sus víctimas, aunque muy ligeramente.

No encontraremos en toda esta basura intelectual el más mínimo rastro de racionalidad. Y mucho menos de lógica moderna formalizada.