Opinión

Casa IV. Minecraft... o ni chicha ni limoná

TRIBUNA

Víctor Ochoa | Domingo 20 de septiembre de 2020

¿Dónde se iniciaban, que yo recuerde, los primeros tanteos y evidencias de que construir podía ser el germen de la profesión de arquitecto?. ¿En las chozas del rincón de un pasillo de casa a base de cajones, escobas y mantas; en las cabañas que entrelazábamos con ramas en las excursiones del campo o en el árbol de un parque cercano; en los castillos de arena o en los fantásticos juegos en días lluviosos, con palitos y arcos de colores de nombre arquitecturas en madera; en los Tente de fichas rojas y blancas, en los Meccano y Metaling de varillas verdes y rojas para las planchas y los mil tornillos enanos, o en los tuneados Exin Castillos medievales?. ¿Y cuándo pasaron a ser ya ideas y a dibujarlas imaginativamente en nuestros cuadernos cuadriculados mientras derivaban hacia el Monopoly los/as que tuvieran más inquietudes empresariales o inmobiliarias?

Pues bien, volviendo la vista atrás, creo que esas aficiones no ocurrían de sopetón sino embarulladas desde la infancia hasta la juventud y sin ser orientadas ni tuteladas por los padres o profesores, sino al margen de la Enseñanza, lo mismo que despertaban en nosotros los indios y vaqueros, policías y ladrones, romanos, gladiadores y bárbaros, aunque fueran décadas de tan marcado contraste azul o rosa para los juegos entre hermanos y hermanas.

Pasa otra década y estás en la universidad, sin ver ni poner un ladrillo hasta que estabas titulado. Era un acto de fe al que ya estábamos acostumbrados tras haber pasado durante años por la capilla del colegio. Si Dios existe y se demuestra por la fe, cómo íbamos a dudar de los ladrillos, los hormigones y las obras. La fe te permitía alcanzar el grado de arquitecto y la fe de los clientes asumir que tu firma en su proyecto era válida como como la de un notario. El Colegio de Arquitectos se convertía así en El Vaticano del orbe de arquitectos, casas, pueblos y ciudades, como para que alguien pusiera en duda la importancia de la religión en algo tan artístico, técnico y mundano. ¿Cómo se lo tomaban las personas educadas seglarmente (Vaticano II. 1959) o en sociedad laica? Ni idea, pero seguro que eran mucho más exigentes y escépticas porque no tenían esa fe desarrollada y si no tocabas el ladrillo…nada.

Lo que voy a comentar es tan igualmente marginal respecto a esa Enseñanza, a los padres y al tan cacareado I+D+I, que ahora tenemos a los chavales pegados a una pantalla con el Minecraft, un juego virtual creado por Markus Persson, alias Notch, y lanzado al mercado un 18 de noviembre de 2009, que arrasó y fue adquirido por Microsoft, visto lo visto, por una cifra mareante.

Desde que te da la bienvenida, el programa remarca que empieces a crear desde ya y que construyas con posibilidades ilimitadas. Dice Nicolás, mi ahijado, que podrían tirarse de 3 a 5 horas diarias cuando jugaba y que en esencia lo que les engancha es estar en un mundo libre y sin gravedad donde sobre una rejilla fija colocan y destruyen bloques que se automantienen en el espacio, a excepción de los arenosos, y que en él se pueden encontrar estructuras especiales de templos marinos y selváticos, pirámides, minas, aldeas, paras después de un rato haber cubierto un día sobre ese mapa infinito de biomasas que van explorando. Tomen nota los educadores porque en la versión creativa y pacífica no es necesario siquiera matar monstruos.

Antiposdata

Comentan justo en la radio, que en las escuelas para los niños que tienen las empresas de Silicon Valley, están, digo bien, absolutamente desautorizados los artilugios digitales, teléfonos, Tablet, etc, por ser contraproducentes en su educación inicial de seres humanos. Curioso ¡Eh! y justo lo contrario de lo que proponía.

¡Vaya!. Nuestro sistema educativo enarbola en su escudo, a instancias del famoso tanto monta, monta tanto, este otro de “Ni chicha ni limoná”, en referencia a la poca consistencia en las decisiones para subirse al carro tecnológico o bien apearse de él sin el menor titubeo y delimitar cómo y cuándo han de integrarse.


Huguito jugando a Minecraft. Lápiz y sanguina sobre papel de color. 2014