Compadre, vengo enfermo, desde los puertos invernizos de esta España que languidece. La ministra de Hacienda quería los dineros de los ayuntamientos y los ediles han rechazado el real decreto que proponía usar los remanentes de los consistorios. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba, pensaba Marisu Montero, sevillana trianera y morena de la plaza de la Chapina. Pero no pudo ser, porque a la “Negra” del Ejecutivo le ha salido un Zalamea, bastón en ristre, y ha tenido que aflojar la guita: 3.000 millones para los consistorios. De momento.
¿Quién financiará las arcas municipales? Fue el PP el que creó las normas de estabilidad presupuestaria en 2012, el depósito intocable de los ediles, que ni contigo ni sin ti. La idea de inmovilizar el sobrante de los consistorios no suena bien, porque ni mi casa es ya mi casa. Es lo que llamamos el corsé legal de don Mariano, que era un presidente que nos gobernaba y se fue a comer al Arahy con sus doce apóstoles y apóstolas mientras Sánchez y compañía lo echaban del Gobierno, y Soraya dejó aquel su bolso negro, que rezumaba y olía a moción de censura, en el escaño presidencial.
El ayuntamiento tiene la cosa de la proximidad, de lo doméstico, resistente a la herrumbre cotidiana de la capital, y en sus aledaños hasta las eras tienen más coherencia para sus vecinos que las torres de Azca o de Chamartín. Los alcaldes han hecho los deberes, y han contribuido con el jornal del pueblo y la ciudad, según, al control del déficit, que es un defecto que tienen todos los gobiernos: el del dispendio, la subcontrata y la concesión de obra pública. Así que en esta dimensión de lo cercano, a Marisu, que vivió otrora entre la Juventud Obrera Cristianas y las Juventudes Comunistas, le han cantado las cuarenta los comuneros desde la tierra, como una paloma de Fuenteovejuna que le ha dejado un mensaje contundente y de rechazo parlamentario. Y sin postureos. Oh, sorpresa.
A la ley de financiación autonómica, que es una utopía porque ni quieren, ni saben hacerla, se le apunta en el “debe” otra de financiación de los consistorios, para que las regiones y nuestros pueblos no caminen en la cuerda floja de las finanzas públicas. Por evitar aquello de “Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”, más que nada, y que dijo el 29 de mayo de 2004 la entonces ministra de Cultura Carmen Calvo, hoy vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática. O sea. Que la solución está cerca, pero a la vez lejos, porque Hacienda no ha elaborado una propuesta de financiación más decente que la del rajoyismo, siendo Cristóbal Montoro ministro del ramo, que se puede usted figurar.
Hasta las barandas de provincias se ha asomado Marisu, que es mujer a la izquierda de Susana Díaz y a la derecha de Iglesias, para suspender la regla, como en los conventos, pero financiera, de recortes, de austeridad, de no me toques los fondos reservados, alcalde. El campo está ya lejos, porque la ministra hoy está en Madrid, y ya no se encierra con los anarquistas y abogados laboralistas en la biblioteca de la “facul”, cuando estudiaba medicina y diseccionaba vejestorios embalsamados. Ris-ras, pásame un brazo, colega. Ris-ras. Y después charlaba con el cura Manolo de Triana. Que era también muy rojo como ella, rojo de bisturí y quirófano. Rojo de un diploma en Gestión Gerencial Hospitalaria (EADA) que se publicó como máster en su currículum y, ay, volvió a ser diploma cuando al presi le pillaron con el plagio del negro de la tesis, hecho doctor hueco de sí mismo.
Ahora, Montero, que le dijo al presidente que ella no era “susanista” –según se mire– ya no le habla al labrador, al trabajador del latifundio en las encerronas del aula; se cogió un AVE y Sánchez la hizo ministra, dejando atrás a la Virgen del Rocío, los santos hospitales públicos hispalenses y otras cosas del menudo vivir. Ahora, digo, la ministra se dedica a cabrear a los que fueron sus compadres municipales a cuenta de los dineros, que son de ellos, del pueblo. Y es que hasta en la covid fulgura esa urgencia que es el Poder, amore.
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