Opinión

Divide y vencerás

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 23 de septiembre de 2020

Todo el mundo está trocado,/sólo reina el recibir,/ya nos venden el vivir/y vivimos de prestado;/el que tuviere un ducado/se verá grande en un día;/ la balanza más vacía/subirá más fácilmente;/ todo será diferente/ y si algo de esto no fuere/ será lo que Dios quisiere./ Todo el mundo irá al revés,/ el bazar será subir,/ valdrá barato el mentir,/ y reinará el interés.

Hoy he comenzado mi artículo echando un reojo al iluminado don Francisco de Quevedo. Verán que el guiño sobre la España del siglo XVII no ha perdido un ápice respecto de lo que hoy se guisa y se come en nuestro país. Cierto es que lejos quedan tiempos pasados, pero para algunas cosas parece no ser así. Os digo que las mentiras y las verdades no cambian en su raíz, sino más bien somos nosotros quienes cuidamos de que ciertas usanzas se mantengan próximas. Siempre es lo mismo, ni siquiera el resuello de los tontos que el único interés que les guía es tener el estómago bien cubierto en apetencias. Y claro, ya es sabido que cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue, pues aquí seguimos en las mismas de siempre. De manera que el tiempo, si bien no se guarda en rencores, tampoco olvida, porque hay ciertos prebostes que se reencarnan en odio cuya simiente viene de siglos atrás. De ahí mi teoría expuesta de que todo sigue lo mismo, ya sean en verdades como en mentiras.

Y llegado a este punto, nada arbitrario por cierto, es de justicia retomar lo que viene sucediendo en la España de hoy en día. Estamos instalados en la mentira como rueda de molino para comulgar y quienes no cumplan en domingos de culto tampoco se consideren exonerados de pasar por el aro, pues gobierno habemos que previsto todo lo tiene en materia de control. La fe es una cosa y la esperanza es otra por así decir, ahora bien, entre medias de estas dos necesidades hay una suerte llamada política que con el pretexto de cuidar de nuestros intereses, nos están convirtiendo en auténticos seres inanimados e indefensos.

Divide et impera, que a la sazón sirve de ejemplo como estrategia para que ciertos gobernantes consigan su objetivo principal. Dividir y vencer a quienes alientan ideas contrarias a base de enfrentarnos los unos a los otros. Cualquier excusa premia para ajustarse a la agenda ideológica de este gobierno que no repara en gastos ni en gestos para conseguir sus objetivos. Crean mundos distópicos dentro de un mismo país, fragmentan un virus según sea la derecha o la izquierda quien gobierne y en medio de toda la sinrazón, ustedes y yo importándoles la nada más absoluta. Peligrosa ecuación si el favor de las propagandas se pone al servicio de los contagios convirtiendo la agitación ideológica no en antídoto contra el virus, sino en caladeros de transmisión.

En todo esto no hay nada de inocente o fortuito. Nada es casual. La sala de máquinas trabaja sin cesar y aunque podamos creer que en política todo vale, mucho de certeza tiene, toda vez que quien no está vendido, está comprado y si no untado y una cosa lleva a la otra con tal de desviar la lógica y la razón del juicio para instalar a nuestra costa la miseria y la podredumbre. Les importa un bledo nuestros postulados, mientras tanto nos sobrepasan los acontecimientos y los muertos, muertos son, y las culpas nadie las tiene de manera directa salvo en diluir negligencias y gozar de pernada en fiscalías que allanan responsabilidades. Esa y no otra es la cuestión.

Y nos hablan de nuevas normalidades cuando tenemos ahora mismo dos y no sabemos qué hacer con ellas. Por un lado la normalidad de antes, la de hace ahora seis meses; y por otro la de ahora, que es la misma de antes pero en versión empeorada con tanta medida, tanto control y tanta promesa de ser más fuertes y con más medios, mientras que el virus sigue a sus anchas jugando al Veo Veo porque cada vez estamos y estaremos más desunidos merced a las políticas de conveniencia. La teoría del palo y la zanahoria está servida, más no teman que acabaremos instruidos en la tontería más contumaz como terapia de grupo. Y dando gracias. Aquí cada región va por libre y entre gobierno central y los congéneres autonómicos mutamos hacia donde sople el viento ideológico de cada cual.

Llegada la confusión viene la revolución y con ello la tan ansiada normalidad que preconizan, persiguen y patrocinan quienes manejan los hilos de nuestras vidas y a fe que por providencia muchas de las cosas se ponen de nuestro lado, pero es la fortuna, que no el hacer de tanto iluminado ejerciendo política, la que suaviza lamentos. Derechas e izquierdas apostadas por corruptos e incompetentes cuya escasez en virtud de honradez les ampara un frente común merced a las muchas prebendas e influjos que el poder les otorga. De casta le viene al galgo y las mieles son para quienes alcanzan el plácet del buen vivir con un todo incluido, que una cosa es predicar y otra es dar trigo.

Mientras tanto dan vida a las calles con bataolas y trompeterías, se remozan algaradas bien escondidas hasta ahora: ¡Sanidad pública! ¡Ayuso dimisión!, pues claro que sí, lo primero es el sentir antes que el padecer y si de dimisiones no hay que guardar cuaresmas para sentirnos a salvo, hágase y que dimita la Ayuso, el Cid Campeador o Agustina de Aragón, pero eso sí, con ejemplos que sirvan en paridad de vergüenzas para seguir con la lista de incursos en mayores responsabilidades. ¿Acaso los españoles que morían por miles durante los meses de marzo y abril durante el mandato único de Pedro y Pablo eran españoles carentes de rango? ¿O tal vez fue cosa de silencios cómplices? Y qué decir del Comité de Expertos convertidos en psicofonías de Cuarto Milenio.

Ahora bien, también vengo a decirles que la mejor vacuna contra todos los males que nos invaden somos nosotros mismos. Quien se sienta más seguro en el barrio de Salamanca que en el de Vallecas ya les digo que la vida es una para todo hijo de vecino y lo único que nos separa es no ser como el tonto de la linde. El resto, solo cabe esperar porque el tiempo es neutro, rico en paciencias, y lo que hoy está fuera de ley mañana recompensa a los hurtados, castigando a los ladrones y dando togas a quienes bien la merecen.

En fin, creyendo lo peor, casi siempre se acierta, lo más triste de todo esto es que somos un país ideológicamente enfermo y eso permite a nuestros políticos salir indemnes de su incompetencia.