Opinión

Vitalidad y fragilidad

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Lunes 28 de septiembre de 2020

Si Europa quiere tener un lugar esencial en el frágil mundo actual debe generar una nueva vitalidad, ha dicho la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, en su discurso ante el Parlamento sobre el estado de la Unión, y nosotros nos preguntamos de dónde la vamos a sacar.

Según el Tratado el órgano vital de la organización, su corazón, quien le da impulso para funcionar, es el Consejo Europeo, que es una institución política intermitente que no puede legislar. Concretamente el artículo 15 dice que “el Consejo Europeo dará a la Unión los impulsos necesarios para su desarrollo y definirá sus orientaciones y prioridades políticas generales. No ejercerá función legislativa alguna.”

El covid ha puesto patas arriba a los estados, pero como va con los ojos tapados y no es capaz de discriminar a quién infectar, el Consejo Europeo, pese a ser tan peculiar, tampoco se ha podido librar de su contagio, de modo que a los presidentes no se les ha podido convocar.

En tal coyuntura lo mejor que podemos hacer para no quedarnos a un lado, desamparados, es pedirle a la poesía que nos insufle vitalidad, de manera tal que aquí tenemos a continuación unos versos de Emily Dickinson:

I reason, we could die

The best vitality

Cannot excel decay,

But, what of that?

Desde su fundación la Unión se ha movido a doble velocidad, con geometría variable o como le queramos llamar, esa es su esencia original, nos guste menos o nos guste más, en eso permanece igual. Su naturaleza no es una sino que son dos y eso significa, a la vez, dos cosas también: la vitalidad ante la adversidad pero la legalidad para continuar.

Las otras instituciones, los órganos jurídicos (la Comisión, El Consejo, el Parlamento y el Tribunal), son los que hacen funcionar a la organización, la cual, no se nos puede olvidar, está formada por un marco institucional que según el artículo 13º “tiene como finalidad promover sus valores, perseguir sus objetivos, defender sus intereses, los de sus ciudadanos y los de los estados, así como garantizar la coherencia, eficacia y continuidad de sus políticas y acciones.”

Pero, además, el mundo natural en general, está afectado de fragilidad y esto ha hecho que Von der Leyen llamara la atención en su discurso sobre la “fragilidad planetaria”, esa que percibimos cada día a través de los glaciares que se funden, los bosques que arden y, ahora también, una pandemia mundial”.

Pintando así igual tan fatal las cosas de la Naturaleza, preguntémosle entonces a las flores, como Emily Dickinson, para podernos orientar:

I asked: ¿Whose are the little beds which in the valleys lie?

Some shook their heads, and others smiled and no one made reply.

Perhaps they did not hear, I said, I will inquire again:

¿Whose are the beds, the tiny beds so thick upon the plain?

Las flores se hicieron las sordas y nada dijeron, no porque no oyeran porque las flores oyen lo mismo que las personas, pero prefirieron esperar y que fuera la Primavera quien respondiera mejor con su esplendor fenomenal.

En la Unión, por su parte, Von der Layen ha anunciado la floración de vitalidad de la financiación del programa Next Generation, con objetivos futuros de ensueño, tanto ecológicos como de digitalización y nos ha invitado, además, a lanzaros tras ellos, “si Europa quiere avanzar, y hacerlo rápidamente, debemos dejar atrás nuestras indecisión.”

En una carta a su mentor Emily Dickinson preguntaba:

¿Está usted demasiado ocupado para decirme si mis versos están vivos? Mi cabeza está tan cerca que no lo percibe con claridad y no tengo a quién preguntar ¿Diría usted que pueden respirar?

Muy agradecida por su amabilidad.”