Opinión

Cada noche contigo

FRACASA MEJOR

Miguel Ángel Gómez | Lunes 28 de septiembre de 2020

Uno. Cada noche contigo. Solos tú y yo en una casa de ladrillo rojo. ¿Existe algo más precioso que tu piel de porcelana? Morimos para el mundo y encontramos la vida eterna yendo hacia la montaña -como Mahoma-, cada noche contigo. Cada noche contigo comprendo mis irracionales comportamientos, no tengo lágrimas que formen un mar salido de lo oscuro en un vaso de la nevera. No vemos películas rayadas, mis muebles y mis libros no quedan depositados en un almacén. Sin ti estaba imbuido, matizado con la noción del pecado por un sentimiento de culpabilidad. Pienso en ti, brillante y privilegiado. Ruego constantemente que venga ya la noche para verte. No habrá peleas, eres la que adoro tan alegre, tan tierna, tan viva. ¡Qué galaxia loca cuando no estabas! Podía haber sido el protagonista de una novela de Walter Scott. Mis pensamientos ruedan como bolos. ¡Lógico, lógico! El amor tiene razones suficientes para no derrumbarse cada noche contigo.

Dos. Dime otra vez: “Me compré un billete de ida a San Francisco”. Dibujaremos por sobrellevar el paso del tiempo. Apenas es necesario, en verdad, el jardín que funciona sin horario y, atrayendo a sucios hierbajos húmedos, siento el temor de extraviarme de uno de ellos. Me pregunto si la lluvia brilla triste sin galletas de la suerte. “No habrá mucho tráfico cuando entremos en San Francisco, cuando entremos”. Te amé sin cadenas que sospecharan una comprensión. El verdadero sitio se ha movido demasiado. Expresa todo poética y musicalmente. El sufrimiento sale de su reloj y busca trabajo. Todo va bien, ya no soy un escuchimizado, los leones no pueden intimidarme. La loma tiene la mandíbula plana y antes que ver al esclavo torturado, desciendes del trono para decir: “Tendría que haberlo visto”. Pero, oye, vastas cumbres encuentran mis motivos de los actos realizados. Soy como el hombre de San Francisco, que observa lo brumoso. No hay autobuses por senderos perdidos. Es una pena y una lástima que no tengan piedad de mí los candelabros que hacen informes.

Tres. Ah, Molloy, pensaste que esta semana no se te ocurriría escribir. Eres el Bondadoso, solo teniendo fuerza puedes lograr todo. El Genio se aferra a su bolso. Al Manifestador, mientras espera el ascensor, lo alcanzan. Beckett maúlla amargamente. Cinco de la mañana, campanas lejanas sin forma negativa de la creación. Los bosques siguen cayendo, talados bosques de Arden. ¡Venga, dispara sin manos! Soy de la ciudad natal del Gran Molloy. Ha empezado su odisea. No lo atraparon las máscaras que ocultan el poder y el dinero.

Cuatro. El ferrocarril es arrestado con su densa capa de humo. De qué van los libros leídos en la estación de la barbarie. Disfrazados de burócratas los pasajeros, en el Viejo Despertar, sin mañana lluviosa. Vías cuarteadas. Sentado en la parte final, meditando sin rodar. El largo río se adentra en las montañas. Las langostas reciben un auténtico fulgor.

Cinco. Oigo las piedras arrojadas con el riesgo de perder a alguien. En los valles impresionan profundamente y los delatados se sienten molestos. Allí caen todas las piedras hacia el fondo de un aspecto desdichado. Me esfuerzo en escuchar las piedras. La poesía no puede estar tranquila. Rueda una piedra en la que pongo los ojos. El horizonte es destemplado, ronco, desconcertante.

Seis. Bendita inocencia. Todo está oscuro y quiero cometer la vulgaridad de ponerme a escribir cuentos. A hurtadillas me siento sin que se me note mucho en medio de la bruma nocturna. Me levanto de un salto, centellean luces a lo lejos, nombres perdidos hacen seña para que me acerque. Los ojos miran con atención como un soldado al que dan de baja en el ejército.

Siete. Bienvenido al Plantón. Quédate con la dulce fatiga paralela a la vida. La ruptura entra en uno de sus períodos líricos. Significa mucho para mí la cuerda de tira y afloja. El predicador tan vocinglero es de acero inoxidable. Tomo notas de cualquier conversación. El desorden grita y grita. John Lennon me indica que no me marche y que me quede hasta el anochecer. Constelaciones de palabras se ventilan. Caramelos del café Preocupado. No importa cariño si te tengo donde empezamos. Te miro a ti y, por añadidura, verso tras verso, no pierdo todas las esperanzas.

Ocho. Canciones complejas que nadie canta con brío. Cimientos de cemento desplegamos. Oh silencio que resucitará cuando llegue el momento. Canciones complejas que nadie canta en la fase decadente. Aunque no volvamos a vernos otra vez, tomamos una porción de tarta de queso. Nena, en un sueño de hace un par de días, mis derechos de autor bailaban a mi alrededor. Somos alegres, la revelación del yo sale disparada esperando el pistoletazo.

Nueve. Hay unos pájaros cantando tras obtener el permiso para irse. El que fui los oye pacientes. Es un lugar árido y desnudo. Lo inocuo es un tema difícil sobre el que escribir. Los adversarios quieren abrir camino contra el viento helado. La certeza irrebatible revisa silenciosamente mi actuación. Mi tierra lucha contra fantasmas, como si fuera boxeo, pelea contra alguien imaginario. La egolatría baila e incluso patina. La oscuridad nunca es penosa para mí, es ideal como lugar de trabajo.

Diez. Una ciudad increíble de los gatos tirándose por la nieve, del autobús entre árboles, de la seriedad y el escepticismo, de niños impacientes y ruborizados, de demonios que cometen una equivocación, de mandíbulas puntiagudas, de lápidas, de pasos en falso, de gorras de cazador con orejeras, de sombras inmorales de la tremenda velocidad.

Once. Pizza para llevar. La sopa está fría. ¿Viajar a sitios inhóspitos? ¿Leer los Cantos de Ezra Pound? Amor de mi vida, estaría contigo más allá de pinos a la sombra de nuestro interés.