Opinión

Este mundo se acaba

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 04 de octubre de 2020

Aunque nadie lo sepa, España cuenta con un ministro de Universidades llamado Manuel Castells. Sí. Es uno de los 22 que los martes se sienta en la mesa del Consejo de Ministros a escuchar las ocurrencias de Pedro Sánchez (o de Iván Redondo). El tal Castells, al que ya se le conoce como el ministro fantasma, no se sabe si porque anda desaparecido o porque siempre está en las nubes, ha salido de las tinieblas hace poco para pronunciar una conferencia. Y al hombre, quizás porque no sabía de qué hablar, se le ocurrió soltar una perorata con ínfulas filosóficas. Tras alardear de haber escrito más de 40 libros (se desconoce si ha vendido alguno) y con toda la energía de que es capaz, auguró que “este mundo, tal como lo conocemos, se acaba”. Dicen que luego se fue a su casa a dormir la siesta. Estaba agotado de tanto hablar.

El ministro en cuestión podía haber permanecido mudo y oculto unos meses o años más y nadie le hubiera echado de menos. El ilustre ministro de Universidades no se refería al fin del mundo que los agoreros profetizaban hasta hace poco: el calentamiento global, la conjunción de los planetas del sistema solar, las consecuencias devastadoras de una guerra atómica, el envenenamiento del aire por la contaminación, o el impacto de un meteorito como el que provocó la extinción de los dinosaurios. Ni siquiera relacionaba el coronavirus con el fin del mundo. Al ministro de marras, que acababa de despertar de un largo letargo, se le escapó un desiderátum de Podemos, el partido que le ha colocado al frente de las Universidades, quién sabe para qué.

Parece ser que Castells se entera de todo lo que se habla en el Consejo de Ministros, aunque lo disimula entornando los ojos. Por eso, sabe que el Gobierno, en efecto, quiere que este mundo, esta España que conocemos, se acabe. Que se acabe la Constitución que impide que Pedro Sánchez llene el Poder Judicial de comunistas y socialistas. Que le impide poder amnistiar a sus amigotes golpistas. Que le impide ilegalizar al PP por franquista. O que le impide perpetuarse en La Moncloa con 122 escaños.

Y ése es el mundo que Pedro Sánchez y sus muchos ministros quieren que se extinga sin necesidad de meteoritos. Que con la llamada mayoría de investidura pueda gobernar como un déspota, aniquilando la Monarquía Parlamentaria y echando del Congreso a los que tacha de fascistas, que son todos los que no apoyan sus delirantes propuestas. No hay que olvidar que a Juan Carlos Campo, otro ministro que también parece estar siempre en las nubes, se le escapó en el Congreso de los Diputados lo del “proceso constituyente”.

Pero lo que ahora busca con desesperación Pedro Sánchez es acabar con el gobierno del PP en la Comunidad de Madrid. Todavía se desconoce la maniobra que trama. De momento, sondea a Ciudadanos para que se una a una moción de censura para que gobierne otro espabilado como Ángel Gabilondo. Isabel Ayuso no debe perder de vista a Ignacio Aguado que parece estar deseándolo, pues ya se sabe que los centristas son como las veletas: se mueven a la izquierda o a la derecha, según sople el viento.

Pero sí hay un problema real de que el Apocalipsis esté a la vuelta de la esquina. El motivo es simple: el país más poderoso del mundo está gobernado por un chiflado como Donald Trump. Y los otros dos colosos, Rusia por el camorrista Putin y China por Xi Jinping, un comunista camuflado con trajes de paño inglés. En España, sin ser colosos, tenemos a Pedro Sánchez de presidente del Gobierno, que tampoco es una broma.

Pero hay un dato esperanzador. Si el mundo resiste a estos dirigentes políticos, no hay que temer ni al calentamiento global, ni a la conjunción de los planetas del sistema solar, ni al envenenamiento de la Tierra por la contaminación, ni al calentamiento global, ni a una guerra atómica. Ni siquiera a un meteorito. La mayor garantía de la eternidad de la Tierra es que nuestro planeta sea capaz de sobrevivir a los gobiernos de Trump, Bolsonaro, Johnson, Putin, Xi Jinping o Sánchez, entre otros estadistas de tronío. Si así fuera, la Tierra aguantará al menos otros 4.5000 millones de años, hasta que el sol se desintegre y nos abrase.