Opinión

Rol de esqueletos (I)

FRACASA MEJOR

Miguel Ángel Gómez | Lunes 05 de octubre de 2020

Uno. Cuando paso ante una estatua de Shakespeare me quito el sombrero.

Dos. Hay esqueletos con una falsa cordialidad.

Tres. Me he encontrado hoy con mi diario entre las manos, dice el esqueleto Werther, del que apenas me ocupo hace tiempo.

Cuatro. Cuanto más seria y lúgubre la calavera, más joviales se muestran los oyentes.

Cinco. Nos sentimos muy unidos a quien nos engaña.

Seis. Los modales de los esqueletos son magníficos, sobre todo el de los escritores.

Siete. Soledad retenida.

Ocho. Cuando yo fui el esqueleto Marguerite Duras escribí este verso: "¿Por qué no? ¿Por qué este pudor de pronto?" Si solo se publicara lo que se escribe hoy y no lo de ayer, no habría escritores que vigilaran todo desde muy cerca.

Nueve. Dice el esqueleto Tabuchi: “La poesía entra en los bares y es siempre casual”.

Diez. Dijo el esqueleto Karma: Por ti dije que revelaría mis ansiedades, temores, culpas y descontentos sin abandonar la sonrisa suave y tranquilizante.

Once. El esqueleto Garantizado reposa, coge una silla, la vuelve, se sienta en ella a horcajadas con los huesos de los brazos sobre el respaldo, sufridor de una herida de holgazanes con licencia que le oscureció lo suficiente.

Doce. El pensamiento ensancha el campo de la experiencia.

Trece. Hay tristezas que van al Teatro Mágico. Entrada no para cualquiera. ¡Sólo para esqueletos locos!

Catorce. En la poesía se agitan simultáneamente tres o cuatro hilos y hay que tenerlos en cuenta.

Quince. Cuando pasa caminando un poema, la gente finge no verlo o ni siquiera lo ve.

Dieciséis. Los esqueletos que quieren silenciar que arrastran infortunios dicen que es feliz quien no lo sabe y se queja.

Diecisiete. Los esqueletos inocentes están acostumbrados, como los barcos, a zozobrar una y otra vez.

Dieciocho. Puedo prescindir de cualquier cosa, salvo del esqueleto DeLillo y de ti.

Diecinueve. Mantén seca tu fuente de ingresos, dijo el esqueleto Despilfarrador.

Veinte. Ser esqueleto Mejorado nos permite leer lo que nos place con una conciencia doble.

Veintiuno. Los esqueletos sin signo filosófico lo pasan en grande no entendiendo nada.

Veintidós. El esqueleto guitarrista captó los apuros de mis ideas abstractas. Recordó a la dama razonable que decía adiós como un hada.

Veintitrés. Somos esqueletos raros que se saben sencillos debutantes en casi todo.

Veinticuatro. Después de algún malentendido el esqueleto que se Lanza al Ataque se despierta supremamente puro.

Veinticinco. El gozo de llegar lejos con el esqueleto Místico es encontrarme a mí mismo.

Veintiséis. Leo en B. que lo peor de todo es la total ausencia de esperanza y eso nos amortaja.

Veintiocho. El esqueleto Dama de los Árboles construye para mí una hermosa casa de piedra arenisca.

Veintinueve. La escritura convierte la vida en destino, nos salva de grandes infortunios.

Treinta, Las cosas que le han pasado al esqueleto Precipitado se mantienen firmes como una roca.

Treinta y uno. Leo: “Absorta en su propia trayectoria, la chica no se percató de su presencia cuando llegó al destino”.

Treinta y dos. Leo que los dioses pueden perdonarnos nuestro instinto de modificadores.

Treinta y tres. Al leer entramos en contacto con un mundo muy lejano.

Treinta y cuatro. El éxito despierta nuestro orgullo con los mismos procedimientos que lo despierta la locura en un manicomio.

Treinta y cinco. Delante del espejo siempre tengo miedo del esqueleto que me voy a encontrar.

Treinta y seis. El corazón envidioso es cruelmente exacto.

Treinta y siete. En el jardín del Edén curamos al viento, envolvemos de viento a los que mueren de hambre.

Treinta y ocho. Quien nunca gritó como un guerrero teme al diablo.

Treinta y nueve. Un pelotón de ejecución interpreta siempre el poema de una manera prosaica y vulgar.

Cuarenta, Si tus fantasmas se meten en líos, tienes que buscarles un doctor.

Cuarenta y uno. El abatimiento y la inercia de la angustia inspiran ideas.

Cuarenta y dos. El esqueleto Arpa le ladra al cielo.

Cuarenta y tres. El esqueleto Pesadilla, dijo: “Tengo que arreglar la sustancia gris en mi calavera”.

Cuarenta y cuatro. Siéntate en mi silla como un viejo bhikkhu y olvida el nivel de vida tan elevado.

Cuarenta y cinco. El esqueleto Sioux con un pañuelo alrededor de la frente. ¿Puedo ser él?

Cuarenta y seis. Todo libro ha de tener una intensificación de algo profundamente dentro.

Cuarenta y siete. Dijo el esqueleto Telegrama: “Otra sonrisa radiante”.

Cuarenta y ocho. Dijo el esqueleto Sentencioso: “¡Estoy preparado!”.

Cuarenta y nueve. Todos los esqueletos están de más en este mundo. Mas tú no sobras.

Cincuenta. El esqueleto Wim Wenders habla realmente curioso del estado de las cosas.

Cincuenta y uno. Hay esqueletos Extasiados que no quieren amanecer instalados en un sótano.

Cincuenta y dos. “Hemos aprendido a prestar atención al pormenor a lo concreto”, dice en el motín de las afirmaciones el esqueleto Adam Zagajewski.

Cincuenta y tres. Sangre en la noche, luces cazadoras y tramperas.

Cincuenta y cuatro. En un intervalo de sentir, medito ¿cómo escribo?

Cincuenta y cinco. Hay dos clases de esqueletos poetas: los que pedalean huyendo de algo y los que escapan como un bólido.

Cincuenta y seis. La poesía o el aspecto de iluminación espiritual.

Cincuenta y siete. Mi piel está hecha de vidas divididas, una de excitación y otra de apasionamiento.

Cincuenta y ocho. El esqueleto Lúcido puede que sea inteligente, pero le falta algún tornillo.

Cincuenta y nueve. Un campo de estrellas azules me trae a ti. Un campo de estrellas azules.

Sesenta. Creer sinceramente en el esqueleto Suplicante.

Sesenta y uno. En la esquina, apostado como un centinela, el esqueleto Viejo Recuerdo.

Sesenta y dos. Estar contigo es vivir bajo los efectos del éter. Sin ti, bajo un eclipse total.

Sesenta y tres. La duda viene de los esqueletos de la Ansiedad o de una mano vacía.

Sesenta y cuatro. Cabalga hacia el océano, hacia la tierra pantanosa. El esqueleto Rudo.

Sesenta y cinco. El esqueleto Adaptado no vacila ni un momento; las palabras le salen a raudales de la boca.