Novak Djokovic no se habría topado un hueso duro en su senda hasta los cuartos de final de Roland Garros. No se dejó ni un solo set en sus duelos ante Mikael Ymer (74º clasificado en el circuito masculino, en primera ronda), Ričardas Berankis (66º, en segunda ronda), Daniel Elahi Galán (153º, en tercera ronda) y Karen Jachánov (17º, en octavos de final) no llegaron a ganarle ni cinco juegos en una misma manga al número uno del ránking ATP.
Por ello, quizá acusó la diferencia de nivel en su envite de este miércoles ante el sólido Pablo Carreño. De hecho, perdería el primer set tras lucir una de sus peores versiones en lo que va de 2020. En ese trance, que concluyó con un 4-6, parecerían haberse refrescado los fantasmas del Abierto de Estados Unidos. En ese torneo, en septiembre, 'Nole' vivió su única derrota del curso. También ante el asturiano. Por lanzar un pelotazo a la juez de línea cuando la primera manga lucía equilibrada.
El tenista de Belgrado mostró debilidades que no habían asomado todavía en París. El gijonés entró en el enfrentamiento más concentrado, preciso y mentalizado. Su intensidad alcanzó a descentrar a un favorito que multiplicó sus errores no forzados y acabó entregando el set. Además, el balcánico solicitó la asistencia médica por un problema en el brazo. Parecía tocado, pues también se le veía una tira muscular en el cuello. Quizá ese era el motivo de su bajón de rendimiento inesperado.
Pero en el segundo periodo fue amaneciendo un rendimiento de 'Nole' más reconocible. Con golpes ganadores encadenados con mayor asiduidad y una limitación de las imprecisiones sensacional. Ese renacer de complicada explicación le catapultó para remontar y adjudicarse la victoria el billete a semifinales, donde se encontrará con el griego Stefanos Tsitsipas. Venció por un resultado final de 4-6, 6-2, 6-3 y 6-4. Después de haber acumulado tres horas y 10 minutos.
A lo largo de su resurrección, que enfadó al competidor español, el serbio hubo de remangarse y mostrar algunos síntomas de su excelencia. Fue exigido por el representante español, que no perdió la cara al combate ni se descentró con las idas y venidas de su ilustre oponente. Carreño aguantó desde el fondo y mantuvo el desafío hasta las últimas consecuencias, convirtiendo la tarjeta estadística global en ciertamente engañosa. "El partido ha estado para cualquiera. Él ha tenido sus opciones y yo mis oportunidades", resumió el propio Djokovic.
En todo caso, el gijonés de 29 años, que jugaba por segunda vez en su vida en los cuartos de final de París, llevó a Novak a exprimir su físico. El candidato a todo hubo de soltar la tensión más de una vez, celebrando algún punto con una teatralidad enrabietada. Murió de pie el asturiano, tres años después de que unos problemas anatómicos le impidieran acabar su partido contra Nadal y le dejaran al borde de las semis francesas. Sin duda, ha recuperado su nivel. Prueba de ello es que cedió con rapidez un 0-3 en el tercer set pero lo empató. Y que, en el cuarto, con la presión del mejor del mundo encima, salvó bolas de rotura con clase.
Le queda a Carreño el orgullo de haber jugado de tú a tú contra un tipo que ha competido 37 veces en semifinales de un Grand Slam -cuatro más que Rafael Nadal-. Se puede aplaudir por el 2020 que ha firmado, con las semifinales del US Open por bandera. Ha vuelto Pablo y a Djokovic ahora le espera Tsitsipas antes de pelear por la gloria contra el ganador entre el 'Peque' Schwartzman y el mejor deportista español de la historia. Casi nada.
Por otro lado, en el cuadro femenino se confirmó también la composición de las semifinales. Por un lado, Sofie Kenin (4ª cabeza de serie) se medirá a Petra Kvitová (7ª). La estadounidense se deshizo de su compatriota Danielle Collins por un 4-6, 6-4 y 6-0, mientras que la jugadora checa arrolló a la alemana Laura Siegemund con un contundente doble 6-3. En la otra semifinal jugarán las sorprendentes Iga Świątek y Nadia Podoroska. La polaca, de 19 años, llega tras eliminar a Eugénie Bouchard y a Simona Halep. Al tiempo que la argentina, de 23 años, superó a nombres como Yúliya Putíntseva y Elina Svitólina.