Opinión

¿De qué se ríen Pedro Sánchez y Donald Trump?

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 11 de octubre de 2020

Pedro Sánchez y Donald Trump, mal que les pese, tienen muchas cosas en común: para empezar, son los dos dirigentes políticos que peor han sabido contener la peste del coronavirus en el mundo. Y ambos han mentido con descaro negándolo. Negando, primero, su virulencia. Y fracasando después, en una torpe gestión. Pero han tenido la desfachatez de alardear de su éxito. El presidente español llegó a proclamar que había salvado 450.000 vidas. Ni una más ni una menos.

Sánchez y Trump también se parecen en su populismo trasnochado (uno rozando el fascismo; el otro, el comunismo). Por eso, son autoritarios, fanfarrones, prepotentes y, lo peor, han azuzado a los radicales de uno y otro bando para enfrentar a la opinión pública. Demócratas y republicanos o socialistas y liberales han dejado atrás aquellos tiempos irrepetibles en que les unía el bien común: la democracia, la libertad, la estabilidad, la prosperidad, la paz. Ahora, solo piensan en aniquilar al adversario político para mantener el poder. El fanatismo de estos líderes ha contagiado a sus seguidores con la misma ferocidad que el covid-19.

Trump se burló de Biden en el debate preelectoral por usar siempre la mascarilla; dos días después, el presidente se contagió. Sánchez se abrazó a Ayuso prometiéndole lealtad, colaboración y siempre, siempre diálogo; días después, decretó el estado de alarma con un zarpazo tan inesperado como injusto.

Pero lo más chirriante, lo más insoportable de Sánchez y de Trump está en esa risa estúpida que les retuerce los mofletes cuando aparecen en público. ¿Y de qué coño se ríen? La sangre del mundo se esparce a borbotones, la fuerza de la vida (la salud, la economía, la paz) se extingue por culpa de un enemigo sin que a ellos parezca preocuparles.

Los zarpazos del coronavirus no cesan. Millones de personas más serán aplastadas por el huracán de la pandemia. Pero muchos dirigentes políticos, como Trump y Sánchez, se desternillan de la risa a sabiendas de que el huracán de la peste seguirá rugiendo y arrasando el mundo. Pero a ellos solo les ocupa y preocupa aniquilar a sus adversarios políticos y enrocarse en el poder. Y se ríen con cara de lelos. Habrá que ver quién ríe el último. Pues aún ignoran que el día que caigan derrotados, cuando pierdan el poder, se va a descojonar medio mundo. Y aliviar, el otro medio.