Opinión

Rol de esqueletos (II)

FRACASA MEJOR

Miguel Ángel Gómez | Lunes 12 de octubre de 2020

Uno. El esqueleto Peter Handke lo dijo: “Mi amigo de la infancia, el que no tenía en mente llegar a nada, sí llegó a ser algo, aunque, como él mismo me dio a entender en más de una ocasión, sólo fuera algo de cara al exterior”. De cara al exterior actuamos como un imán y quien no nos conoce se pega a nosotros como empaste de hierro.

Dos. La lucidez es la clave para todo.

Tres. El esqueleto Inolvidable es especie cariñosa y nos hace relativizar todo muy intensamente.

Cuatro. Las palabras sin la poesía se comportan de forma abstracta, casi como esqueletos sonámbulos.

Cinco. La noche lanza tristes miradas de soslayo con nuestra separación. Viento rampante.

Seis. El esqueleto Alborotador quiere estar absuelto de la ira porque tiene sed de abandono.

Siete. A cierta edad es una maravilla escuchar al esqueleto Van Morrison, a las 8:30 de la mañana mientras a través de la persiana hay una niebla que es como una nube de azufre.

Ocho. Mirar es exiliarse y comporta una estética.

Nueve. El Paraíso tiene cientos de libros, desde es esqueleto Catulo al esqueleto Pound, y se llama biblioteca.

Diez. Esperar demasiado es ser un esqueleto Fatalista de un mundo perdido.

Once. Podía oír a su alrededor, flotando en toda la casa, el tono de la esperanza.

Doce. Dijo el esqueleto Acelerante: “Estamos moldeados por las manos y el deseo de la fatalidad”.

Trece. Los espejos se preguntan por qué no tenemos la decencia de escucharlos.

Catorce. Hay abismos a los que el esqueleto Incrédulo En Grado Sumo va cuando tiene dos o tres horas libres.

Quince. La mente del esqueleto Disidente sabe que el silencio chasquea como el maíz en la sartén.

Dieciséis. El esqueleto Albarazado es como un animal que vive en la selva sin sentirse culpable.

Diecisiete. El esqueleto al Desasosiego dijo: “El futuro nos priva de la posibilidad de existir. Hoy y más nada”.

Dieciocho. Sin tu nombre regreso de forma incontrolable a mi cara vacía.

Diecinueve. Sé, como sabía el esqueleto Kafka, que los libros son llaves de cuartos en el castillo de nuestro interior.

Veinte. El silencio de algunos huesos iracundos es una hoguera medieval.

Veintiuno. Esos viejos esqueletos que suelen darnos la tabarra hablándonos de ellos en un espantoso campo de batalla por mero conflicto

Veintidós. Hay secretos que quisiéramos saber con ventanas enrejadas y laberintos.

Veintitrés. jAl esqueleto Pedagogo le da miedo la responsabilidad y trata de escabullirse!

Veinticuatro. En un solo día son muchos los infiernos que nos persiguen. Se propasan constantemente.

Veinticinco. Tu ausencia, esqueleto Al Que Sucumbo Con Facilidad, me hace confidencias, muy susceptible.

Veintiséis. El esqueleto Montaigne trabaja a la sombra del mundo, el dolor o el amor le hicieron real.

Veintisiete. El esqueleto Anticipado: “Fijo la vista en los rostros ajenos. Tu rostro veo”.

Veintiocho. En este mundo viajo a otro mundo lleno de sombras.

Veintinueve. Empujé a un esqueleto de ciudad en ciudad fuera de las modas de nuestro tiempo.

Treinta. En los páramos del esqueleto Emily Brontë se puede leer información comprometedora.

Treinta y uno. Lo bueno, en cierto sentido, se convertirá en un espejo roto.

Treinta y dos. Qué lejos estaba todo cuando bastaba con abrir tu puerta y entrar dentro.

Treinta y tres. ¡Un mar rugiente de pájaros! Te pienso y ceno como un duque.

Treinta y cuatro. “Dudé de la literatura”, dijo oyendo al viento azotar las delgadas ramas el esqueleto Patrick Modiano.

Treinta y cinco. La brillantez de tu piel domina a los demonios de la penumbra.

Treinta y seis. Amo al esqueleto Emily Dickinson por lo que hace con la tragedia de la lucidez.

Treinta y siete. El esqueleto de Emergencia se encuentra solo en los capítulos más difíciles de su novela.

Treinta y ocho. Esqueletos sencillos y auténticos pasan por las calles de la vida.

Treinta y nueve. En los espacios en blanco el esqueleto Magnífico toca la vida en toda su complejidad.

Cuarenta. No regales tu alma como el esqueleto Fausto. Qué poca cosa sería el mundo sin ella.

Cuarenta y uno. El esqueleto Pesimista, harto, ve la puerta cerrada del todo.

Cuarenta y dos. Encontré una ventana accesible al yo no hice demasiado ruido al romperla.

Cuarenta y tres. El castillo aislado de la luna en ruinas y viejo.

Cuarenta y cuatro. Los ojos pesados de sopor. El esqueleto Malhumorado.

Cuarenta y cinco. El esqueleto Ecuánime saca al exterior las proyecciones de su yo, y es él en el escenario.

Cuarenta y seis. El poema silba por los campos o por las aceras

Cuarenta y siete. Envejecer, por supuesto, imaginativamente.

Cuarenta y ocho. Dijo el esqueleto Egoísta: siento deseos de mirarme en el espejo del poema… rápido.

Cuarenta y nueve. El tú y el yo parecen envueltos perpetuamente

Cincuenta. Para el esqueleto Auténtico la poesía es abrir y salir fuera.

Cincuenta y dos. El sueño de Dios nos ata o nos esclaviza.

Cincuenta y tres. Dijo el esqueleto en Desgracia: “Cuando llamé al timbre del Paraíso me contestaste tú”.

Cincuenta y cuatro. La poesía es vivir otras vidas y otros “yoes”.

Cincuenta y cinco. Las estrellas me invaden alocadas como un maníaco.

Cincuenta y seis. El esqueleto Fantasma nunca piensa que el silencio le dará la reputación necesaria.

Cincuenta y siete. Lo que se calla el esqueleto del Estómago Vacío tiene el sabor de la ceniza.

Cincuenta y ocho. La ausencia del esqueleto Combustión Interna pesa con una monotonía simétrica como una arquitectura.

Cincuenta y nueve. La neurosis del esqueleto Precepto es una especie de herida incurable.

Sesenta. La alegría de hacer borrón y cuenta nueva. Terminar una época en la vida, aparcarla en una esquina de ayer en que éramos crepúsculo de nosotros mismos.