Martes 26 de agosto de 2008
El Consejo de la Federación Rusa lanzó el pasado lunes un desafío a toda la comunidad occidental al solicitar al presidente Medvédev que reconozca la independencia de Osetia del Sur y Abjazia. El argumento esgrimido ha sido que lo que fue válido para Kosovo ha de serlo ahora para las regiones independentistas caucásicas. En su día, Rusia se opuso a la secesión de Kosovo, pero no por erigirse en adalid del respeto a la integridad territorial de los Estados, sino porque en aquél momento le convenía para sus propios intereses. Ésa y no otra es la motivación de la política exterior rusa, empeñada en seguir manteniendo un cinturón de influencia en las antiguas regiones soviéticas, pese a quien pese.
Por ello, no le importa caer en contradicciones. Mientras ahora insta a Georgia respetar las aspiraciones de Osetia del Sur y Abjazia, Putin no tuvo reparo alguno en su día en aplastar sin contemplaciones la voluntad independentista de Chechenia, conflicto que, lejos de estar resuelto, se mantiene sofocado por la fuerza. En otras palabras, por más que traten de ocultarlo burdamente, ni a Putin ni al presidente ruso le interesa la emancipación de los pueblos, ni el respeto a la integridad territorial de los Estados, si cualquiera de estas opciones se interpone en sus intereses. Y, lo peor de todo es que Rusia no tiene reparo alguno en hacer uso de la fuerza para conseguir sus objetivos, saltándose cuantos organismos y reglas internacionales se le pongan por delante.
Ante este panorama, no es de extrañar que muchas ex repúblicas soviéticas como, por ejemplo, Polonia, insistan en establecer lazos con la OTAN y EEUU. Se trata de una reacción comprensible. Que sea conveniente es ya más discutible, en la medida que puede ser interpretado por Moscú como el establecimiento de un cordón sanitario occidental: algo que empujaría a Rusia a posiciones indeseadas, aún más radicales y beligerantes. De esta forma, la amenazante política rusa provoca en el escenario internacional una tensa espiral que nadie sabe cómo ni dónde puede acabar.
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