Si vinieran las lluvias como venían en tiempos propicios, todo, como entonces, sería fácil para los poetas. Rafael de León decía: “La lluvia proseguía/llorando en los cristales.../ Cortina de agonía./ Guadaña de rosales”, ahora no podría. Tampoco Miguel de Unamuno diría: "Lágrimas es la lluvia desde el cielo,/y es el viento sollozo sin partida,/pesar, la sombra sin ningún consuelo,/y lluvia y viento y sombra hacen la vida". César Vallejo cantaba este verso: “Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!”. Y Antonio Machado: “Lluvia y sol. Ya se oscurece/el campo, ya se ilumina;/allí un cerro desparece,/allá surge una colina”.
Triste, Amado Nervo lloraba: "-¿Ves, hija? con tenue lloro/la lluvia a caer empieza". También Octavio Paz: “Mira los fresnos en callado círculo,/toca su reino de silencio y savia,/toca su piel de sol y lluvia y tiempo,/mira sus verdes ramas cara al cielo,/oye cantar sus hojas como agua". O José Ángel Buesa: “Y es tan triste, tan triste, la lluvia en mi ventana,/que casi me pregunto, dulce amiga lejana,/si no estará lloviendo para que piense en ti”.
Con Francisco Villaespesa coincidiendo: “Tardes de paz... Monotonía/de lluvia en las vidrieras.../Se extingue el humo gris del día.../¿En dónde están mis primaveras?” Si, ¿Dónde? ¿Dónde los poetas que huían de la monótona tecnología?
Ah, pero resulta que, hay un término en la propia poesía que exonera de culpa a los vates de ahora: “métrica” que es el ritmo establecido por un poema, dependiente del número de sílabas en una línea o de esas mismas sílabas cuando son acentuadas. Si el tecnicismo resulta aceptado en poesía por naturaleza, ¿como no aceptaría la poesía palabras como “Fusil” en “El niño vietnamita de Juan Van Halen, o “entre caballones de tierra, de dos metros de longitud,” en el magistral “Mujer con alcuza” de Dámaso Alonso?
Permítaseme autorizar, para mí mismo, palabras tan modernas como “petricor”. término sustitutivo de “el dulce aroma de la tierra mojada”, de muy difícil encaje y grosera rima en un poema de mi elección egoísta y rancia. Y Alberti: “Sueño equivocado, Ángel sin salida, Mentira de lluvia en bosque./Al lindero de mi alma, que recuerda los ríos,/indecisa, dudó, inmóvil/¿Vertida estrella, Confusa luz en llanto, Cristal sin voces?/No/Error de nieve en agua, tu nombre”…Yo también, con Alberti, presiento un sueño equivocado: que vinieran las lluvias.