La otra noche se me apareció en sueños Hefesto, y ya es mala suerte porque preferí que lo hubiera hecho Afrodita, pero la hermosa diosa andaba reunida en Bruselas. Por cierto, lugar de moda en busca de soluciones terrenales. A pesar de todo, Hefesto me puso al corriente de la crisis existencial por el que están pasando los de su gremio.
Lo cierto es que tanto los sabios -léase clásicos de toda la vida-, como los dioses, están en horas bajas. El púlpito de la sabiduría ha cerrado sus puertas al igual que miles de autónomos lo vienen haciendo. Dicho esto, espero que mis lectores hayan digerido mi juicio acerca de la felicidad expuesta en mi anterior artículo, porque hoy la cosa va dedicada a la extinción de la verdad en favor de la mentira y por añadidura a cuantos se acicalan con la estupidez como axioma del nuevo desorden existencial.
Ahora permitan que dé comienzo a lo que hoy me trae: “Érase una vez un lugar de olvidado rincón del mundo en donde fijó su residencia la Mentira. En dicho lugar vivía la Estupidez haciéndolo sin mayores ambiciones hasta que un día, como si de época de berrea se tratase, se juntaron en fingido compromiso la Estupidez de unos con la Mentira de otros, de tal forma que reinó la concordia para gloria de ambas estirpes. La Mentira ocupó mejor posicionamiento a la hora de dictar leyes y nombramientos, mientras que la Estupidez se guardaba en cumplimientos que le fueran dictados para el buen fin de gobierno. Al principio, y mientras duraron los festejos del referido amancebamiento, que no de amoríos bien intencionados, lo festivo repartió dones sin guardarse en recatos ni en dispendios, primando así los placeres por encima de los deberes. Aquello parecía el idílico edén mejor traído para solaz recreo de los que allí formaban censo.
Acabados los fastos fue cuando la Mentira tomó muy en serio su papel de gobierno. Ni que decir tiene que la Estupidez se volvió incondicional de la Mentira porque el cerebro de algunos se limita a procesar lo justo. Los apesebrados filósofos del lugar enmarcaban las doctrinas que la Mentira promulgaba como un dogma de nueva cultura, de tal manera que la enseñanza se convirtió en instrucción ideológica. Ante esta deriva el conocimiento de los grandes dioses e ilustres sabios huyó a toda prisa de aquel lugar. – ¿Acaso huis? –preguntaron los irreflexivos. –Sí, lo hacemos porque es tan grande la oscuridad que se cierne sobre este lugar que no hay nada que se pueda saber con claridad y mucho menos cuando las mentiras se posicionan como si fueran verdades -.
De tal manera que el ser humano era moldeado a base de apariencias que engatusaban el raciocinio; circunstancia que aprovechaban los filósofos de baja estopa para impartir las nuevas consignas siguiendo el dictado de la Mentira con la habilidad de enmascarar las verdaderas realidades. Y he aquí que la Mentira, con total mordacidad, se erigió como mandamás de la nueva cultura dispuesta en expandir doctrinas de extravagantes pensamientos para gloria de la Estupidez”.
Es sabido que las flaquezas humanas se encomiendan a lo que a mayores trae su suerte, es decir, adorar al que miente como si de una nueva divinidad se tratase. Llegados a este punto es cuando los aconteceres dan fe de lo que se está extendiendo de manera preocupante y que no es otra que la era del desorden. A partir de aquí, y para nuestra desgracia, toman relevancia los fermentos que van desintegrando nuestra grandeza. Puede resultar desconsolador el modelo de sociedad que se nos presenta, pero la realidad es que el mundo actual se verá invadido por una nueva normalidad que emana de los sedientos de poder y de los hambrientos de ego. Más no sean temerosos en salud, pues la humanidad se librará de este virus a no tardar y merced al empeño de cuantos hombres y mujeres de ciencia andan a la solución; ahora bien, para amargor de ánimos debo decir que nuestra especie se encontrará ante un modelo de vida tan novedoso como lleno de mentiras.
Hasta mis oídos llegan que habrá nuevos bachilleres sin necesidad de conocimientos. Bastará el pasar de curso en curso con varias asignaturas pendientes y esa es la cuestión que en hora de pesares hoy me trae el escribir sobre tinieblas de ignorancia en las futuras generaciones, pues según parece a esto lo llaman progresías que yo mejor doy en llamar inculturas programadas que no en balde a pueblo ignorante más fácil resulta su gobierno.
Si en ayunas de sabiduría descansa tanto empecinamiento hacia la negación de sapiencia demos gracias a que la ciencia de hoy aún descansa sobre pedestales de Séneca, Platón, Aristóteles y otros renombres de la educación y el pensamiento, pues sin autoridad académica que sustente maestría mucho me temo que la vaguedad y la falta de oficio será lo que justifique el empobrecimiento del mañana.
¡Cuán remilgada es la sabiduría, justo ahora que nos invade la adversidad en medio de tan menguados gobernantes! Gritaron los habitantes de aquel país en donde se instaló la Mentira a costa de la Estupidez, ¿recuerdan? Pero ya era demasiado tarde.