Opinión

¿Y la responsabilidad individual? ¡Qué cumpla Rita!

Y DIGO YO

Javier Cámara | Martes 03 de noviembre de 2020

Yo creo que nadie puede decir que no está avisado. Todos conocemos las normas básicas. Si bien puede ser difícil en algún momento conocer las restricciones exactas y estar al día de los confinamientos perimetrales de todas las comunidades autónomas o municipios o zonas sanitarias, lo cierto es que en la calle se comprueba cómo el ocio y el negocio conviven con total normalidad e imprudencia.

Si la recomendación es salir de casa lo imprescindible y, si se hace, siempre con la mascarilla bien puesta (no en la garganta, por debajo de la nariz, en el codo o a modo de diadema), si está prohibido fumar en la calle cerca de las personas porque la transmisión por el aire es elevada, si está avisado que hay que evitar aglomeraciones y mantener distancias de seguridad, si nos dicen que los grupos no pueden ser de más de 6 personas y, por supuesto, que no vayamos tosiendo al aire repartiendo generosamente todas las miasmas y efluvios corporales… ¿por qué nos pasamos por el arco del triunfo todo lo que nos dicen?

Mi opinión es que en España, la responsabilidad individual es un bien poco común y el civismo brilla en multitud de ocasiones por su ausencia. Puede que haya perdido algo de fe en la humanidad, pero, como siempre, hay que justificarse porque no todos somos iguales, no todos llevan por bandera el egoísmo y el “a mi plin” y, efectivamente, tendrá razón quien me lo reproche, no se puede meter en el mismo saco a todo el mundo.

Pero, no es tanto que el 80% de los ciudadanos reconozca que no cambia de mascarilla, pese a saber que se pasan de su tiempo de uso, o que en un momento determinado no se guarde la distancia de seguridad, porque en el transporte público cuando vas a trabajar es imposible, es principalmente que una gran mayoría pasa de todo, le da igual y hace gala del ¡qué cumpla Rita!

Del mismo modo, tampoco tenemos ejemplos significativos de los que aprender, que nos hagan reflexionar o servir de guía o marcar una actitud responsable. Si nuestra clase política, los que legislan para que tengamos unas reglas frente a la covid, no cumplen y las normas que dictan tampoco son claras, el espejo donde mirarse distorsiona la realidad.

Si el personal de calle, el que se levanta temprano y el que no, los que van a hacer la compra, los que cogen el autobús o el tren para ir al ‘curro’ o las que trabajan en una oficina con otras 30, los que van a llevar a sus hijos al colegio o, simplemente, el que pasea por la calle o un centro comercial ven que el que tenía que defender un decreto de estado de alarma como principal herramienta para frenar el número de contagios y que va a durar seis meses (este es Pedro Sánchez, para los despistados), no cumple su parte y se va y no escucha y desprecia al que le puede dar su opinión contraria, pues puede pensar que está legitimado para decir, eso de ¡qué cumpla tu tía!, que es lo mismo que el mencionado ¡qué cumpla Rita!

Y sí, efectivamente, podemos decir lo de siempre, que los españoles somos así, alegres, que nos gusta salir, el sol, la luz, celebrar, estar con los amigos y la familia constantemente o que vivimos más fuera de casa que dentro, pero también que en nuestra idiosincrasia está el no cumplir las normas si pensamos que no nos van a pillar, que nos colamos si podemos, que no respetamos el asiento de las personas mayores o embarazadas, que nadie en este país conduce bien dentro de una rotonda, que fumamos cuando no se puede y no se debe, que aparcamos en doble fila sin que haya un coche en primera, que chuleamos si conocemos una “trampilla” para no pagar impuestos y que nos gusta una subvención más que una entrevista de trabajo. Obviamente, no somos suecos.

La libertad de una persona termina donde empieza la de otra a la que no se respeta. La responsabilidad individual va ligada a la libertad de cada cual para hacer lo que mejor considere. Pero no todo vale. Una persona libre no se puede saltar la ley. Está sujeta al ordenamiento jurídico y usted o su vecino pueden no estar de acuerdo con la obligación de llevar una mascarilla o de que se prohíba fumar en lugares públicos y aumentar con ello las posibilidades de contagio, pero eso no les excluye de cumplir unas normas que están para todos.

Por supuesto que alguien puede decir que sí cumple y por supuesto que lo habrá, pero estoy seguro de que, seguidamente, coincidirá conmigo en que es una minoría tan pequeña que casi es desdeñable. Ver a un grupo de jóvenes limpiando lo que otros han ensuciado es anecdótico. Tanto que se convierte en noticia nacional por inusual. Eso sí, también nos caracteriza presumir de machote y de lo que se ha ligado y triunfado con las mujeres, sean enfermeras o no, infecciosas o no.

Lo sabemos todos, una conversación privada entre amigos o amigas, no salva el juicio de lo políticamente correcto si se hace pública. Nadie está libre de eso. Pero es que tampoco tenemos medida para mantener la boca convenientemente cerrada siendo un cargo público de relevancia en una conversación que pueden ver millones de personas por Internet… Si Fernando Simón mete la pata, él solo tendrá que sacarla.

Siempre me llamó la atención una de nuestras frases/argumento favorita cuando algo nos indigna: “¡Porque yo pago mis impuestos!”. ¡Ya está! Solo con decir eso ya nos creemos con derecho a todo. Y no, no lo tenemos si está en juego la salud de los demás. A falta de más control y de más sanciones, porque solo así nos acordamos de esa responsabilidad individual, cuando nos tocan el bolsillo, ¡precaución y mucha suerte a todos!

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