En estas épocas difíciles para la tauromaquia en general y la fiesta en particular, quiero traer al lector el recuerdo de un hombre, un poeta al que su ideología comunista no mermó un ápice su amor por España y su amor por la fiesta del toro. Este poeta se llamaba Miguel Hernández.
Desde muy joven, en su Orihuela natal, despertó la afición por la fiesta taurina y su admiración hacia el animal que serviría de elemento inspirador de libros y poemas. Fue la telúrica figura del toro la que impregnó de fuerza y amor a su patria, alguna de sus obras. De no existir el toro, alguna de sus obras, ocuparían el limbo de la poesía. Miguel, vinculó parte de su vida y de su obra al animal, y a una fiesta vestida con una paleta de colores que adornaba las ciudades y pueblos de “aquella España sumida en la tragedia”.
Miguel Hernández dotó al toro y a la corrida un simbolismo irreal, dónde la vida, la muerte, la grandeza, el miedo, la valentía, el drama y el triunfalismo paseaban por la arena de un albero.
En otro momento de su obra, Hernández, humaniza al toro y se identifica con él. A través de las palabras de Pablo Corvalán:
“Al recurrir al toro como símbolo, Miguel Hernández, reconoce en él una concentración de caracteres. Debilidades y valores que lo convierten en ser representativo de cuánto él siente, desea y soporta”.
En otro de su libro titulado “Viento del Pueblo”, el poeta asemeja al toro con su patria, con el pueblo de España. Un pueblo español en el que nace, que no es sumiso “de bueyes” sino un pueblo de fuerza, libertad y orgullo simbolizados en su poema por leones, águilas y astas de toro.
Miguel Hernández, de alguna manera, dedicó y enalteció en su vida y obra la figura del toro bravo. Un animal representativo de una tierra de valores, de dignidad, orgullo, fiereza y lealtad.
El ideario político del poeta fue conjugado a la perfección con la enorme afición taurina que sentía, posiblemente, enriquecida con la amistad y lecturas de García Lorca y Rafael Alberti.
En su amor por la fiesta de los toros, Miguel llega a identificar las tapias de su huerto, con las de “un chiquero de abril, en dónde es preciso saltar a la torera”. Libro “Antología de Escritos Taurinos”.
El mundo de la cultura de su generación no generó distingos entre el arte de la Tauromaquia y el mundo político, quizá, porque aquella España de hambre y miseria, alentaba los valores del pueblo y liberaba de grilletes la cultura.